4º relato del III Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2017- (fuera de concurso)

Dos balas
JLBelloq

Max Renner empuñaba un revólver con dos balas. Tanto le daba haber llevado una metralleta con una docena de cargadores, porque la muerte se cernía sobre él, implacable. La muerte… y algo peor.

A su alrededor yacían los cadáveres aun calientes de los que habían sido sus compañeros en esa misión imposible; un puñado de hombres y mujeres tan valientes como insensatos, dispuestos a morir por una posibilidad infinitesimal de éxito; héroes anónimos, inmolados inútilmente ante el Mal Inconmensurable que venía a devorarlo todo. seguir leyendo

3er relato del III Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2017- (fuera de concurso)

La justicia de doña Cana
Sutter Cane

Las temidas tormentas de secano de la rayana localidad de Monteolivo de la Peña eran conocidas en los aledaños y acumulaban cierta fama por la virulenta y rápida vorágine de rayos y truenos con las que se precipita sobre los yermos páramos de antiguos y ya inertes sembrados de trigo y otros cereales, años ya sin usufructo agrícola debido a la dificultad para su explotación presentada por los cúmulos de peñas sin barrenar, que se plantaban justo en medio de las senaras, y que se encontraban abrazados por los retorcidos troncos de olivos secos y quebrados. seguir leyendo

2º relato concursante del III Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2017-

MI FUGAZ EXPERIENCIA CON LOVECRAFT
The dreamer will awaken

Desde hace tiempo, en mi casa hay dos libros que aglutinan todos los relatos de Lovecraft, un juego de mesa de Cthulu y una figura de la deidad ficticia que da nombre al mismo. Deidad verdosa mezcla entre pulpo y dragón y de aspecto horrible.

Me informo sobre Lovecraft y, cuál es mi sorpresa, que pensando que me iba a encontrar con un escritor de importancia en su época me encuentro con lo que hoy hubiera sido tildado de un “friki” desgraciado, con una vida en la que el terror le acompañó desde los tres años por una desgraciada vida familiar, terror por su vida solitaria, terror por su mala salud, terror por su fracaso matrimonial, seguir leyendo

1er relato concursante del III Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2017-

EL ENCARGO
J.C. Renfield

Sin aliento, Robert Wadlow corría por el páramo sombrío que hacía dos días le había llevado hasta casa Hemsley. Solo que ahora el camino de vuelta se antojaba interminable. Huía, pero no sabía muy bien de qué, pues el pánico le impidió observar con detalle aquello que había provocado su marcha forzada de la mansión, aunque lo intuía. Trataba de recomponer lo sucedido, pero le faltaba oxígeno para pensar con lucidez. Unas ramas en el suelo provocaron su caída y acabó golpeándose la cabeza contra una piedra y perdiendo el conocimiento. Inmóvil, la oscuridad invadió su consciencia.

Entreabrió los ojos y una luz blanca cegadora inundó su visión ¿dónde estaba ahora? Estaba tumbado en la cama de lo que parecía ser la habitación de un hospital. Trató de incorporarse, pero no pudo. Una melodiosa voz llegó desde el lado izquierdo. seguir leyendo

4º relato (fuera de concurso) del II Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2016-

SACRIFICIO
JLBelloq

Mis enemigos me cercan. Saben de mi existencia y me buscan. No puedo permitir que accedan a mi refugio y me roben la tierra que con tanto esfuerzo he transportado desde Transilvania.

Han matado a Lucy. No importa, tengo más conversas. Sus amigos son torpes y débiles, excepto ese doctor holandés y el otro, el psiquiatra enamorado. Psiquiatra, pero tan loco como sus pacientes. Se ha atrevido a retarme, ¡qué arrogancia! Me convoca a su manicomio por medio de mi fiel Renfield, como un vulgar duelista retando a un caballero para conseguir satisfacción por una insignificante deuda de honor. Tendrá respuesta, porque esos hombres son los únicos que conocen mi propósito y debo matarlos antes de que supongan una molestia.

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Crónicas de Elmore – capítulo II (relato)

gm_enanoCRÓNICAS DE ELMORE

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

[leer Capítulo 1 – La Villa enana]

Capítulo 2 – Las Minas Abandonadas

La temperatura era fresca a pesar de que el sol se encontraba ya en lo alto sobre un cielo azul radiante. La suave brisa los acompañaría durante las horas que tardaran en llegar a su destino. Los dos guardias marchaban a la par a paso rápido con los tres jóvenes novicios detrás en fila. El grupo de cinco enanos partió decidido, bajando rápidamente la ligera cuesta que había hasta el puente de madera que atravesaba el barranco helado. Este barranco formaba una defensa natural excelente para el pueblo enano, situado todo a lo largo de la aldea. Mientras atravesaban el puente miraron hacia el precipicio y vieron en el fondo un sendero serpenteante que lo recorría, un viejo camino de entrada a la villa que había dejado de usarse hacía muchos años. Al llegar al otro lado del puente se detuvieron un momento y miraron atrás, hacia el pueblo. Aún estaban allí todos los enanos observándolos en la lejanía. No se retirarían hasta que los perdieran de vista. Cosa que ocurrió poco después, cuando un poco más adelante desaparecieron en un giro del camino tras una ligera elevación cubierta de nieve blanca y reluciente.

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Crónicas de Elmore – capítulo I (relato)

El amigo Uruk Valandil Yavetil nos remite la primera entrega de su serie ambientada en el mundo de Lineage, como solo un héroe veterano como él sabe verlo, firmada con el inescrutable seudónimo “Antonio Carlos Ruíz Borreguero”.
(JLBelloq, Círculo del Ludófago)

gm_enanoCRÓNICAS DE ELMORE

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Capítulo 1 – La Villa Enana

         Seguramente esta no sea la única Crónica de Elmore que exista, ya que muchos de sus cuentos y relatos se remontan a tiempos inmemoriales, cuando salir de caza era una mera actividad rutinaria o inspeccionar una nueva cueva no conllevaba más peligro que el de perder el rumbo y tener que encontrar nuevamente el camino de salida. Desgraciadamente la mayoría de estas historias se han perdido en el olvido y el paso del tiempo las ha dejado atrás, enterradas en viejas oquedades que antaño fueron hogares, pero que hoy no son nada más que lugares oscuros desconocidos para la mayoría de habitantes de Elmore.

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Cosmo Ouroboros (relato)

Un viajero insólito y un universo para descifrar, en un relato en que la aventura y la paranoia se confunden (JLBelloq, Círculo del Ludófago) 

Cosmo Ouroboros

por Sutter Cane

Llegué a las proximidades de Caronte tres mil cuatrocientos sesenta y dos días después de mi partida, a bordo de la “Principia”, y al borde del colapso mental, ya que el hombre no está preparado para largas estancias sin contacto humano. Para cuando mi misión llegaba a su término, descubrí un terrible fallo de cálculo que desarmó toda la esperanza que quedaba en mí, para construir por momentos un insufrible reloj mental de cuenta atrás en el que se aproximaba mi muerte. seguir leyendo

El sombrero (relato)

Es bueno que la aventura sea inesperada, lo malo es que sea incomprensible.
Relato de una pesadilla de autora femenina, protagonista femenina y, los demás, inclasificables (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

El Sombrero

por Drizza Do`Urden

Sé qué pensarán. Estoy loca, trastornada, como una cabra. En fin. Lo sé. Pero me da igual. Tengo que contarlo. Tengo que hacerlo. Me liberará. Y a unas malas me servirá para reconciliar mi parte del yo racional, que según mi psicóloga, se resiste a aceptar la verdad, el dolor, la ausencia… Ya.

Mi prometido falleció hace un año en un accidente de moto. No está. No volverá. Lo sé. Y lo acepto. Es duro, lo ha sido y lo será. Pero la vida sigue. Y yo con ella. Para ello me propuse esparcir sus cenizas por algún sitio apartado y tranquilo, que me recordara a él.

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La capilla (relato)

No sólo Dios habita en las plegarias del creyente (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary La capilla

por JLBelloq

La estancia, fría y vacía, se iluminó fugazmente por la rendija de la puerta. La religiosa se coló por ella, miró la figura de la Virgen a su derecha, se persignó, musitó unas palabras y luego cerró y la penumbra volvió a oscurecer la capilla. Unas pocas velas, al fondo, sobre el altar, le permitían caminar con cierta seguridad por el pasillo, entre los bancos de madera. En aquella suerte de catacumba, el mero roce de sus alpargatas sobre el suelo de baldosas sólo era igualado en sonoridad por la agitación de las telas de su propia ropa.

La mujer avanzó con languidez hasta el primer banco, donde dejó su Biblia y se arrodilló sobre el reclinatorio. Su mirada apuntaba arriba, al Cristo de madera clavado al crucifijo, con los ojos cerrados, las lágrimas detenidas por el escultor en mitad de las mejillas, y una expresión ya familiar de sufrimiento interminable. La luz de los cirios, a sus pies, resaltaba los contornos y creaba sombras duras en contrapicado, dotándolo de un aire extraño, como de aparición.

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