Cosmo Ouroboros (relato)

Un viajero insólito y un universo para descifrar, en un relato en que la aventura y la paranoia se confunden (JLBelloq, Círculo del Ludófago) 

Cosmo Ouroboros

por Sutter Cane

Llegué a las proximidades de Caronte tres mil cuatrocientos sesenta y dos días después de mi partida, a bordo de la “Principia”, y al borde del colapso mental, ya que el hombre no está preparado para largas estancias sin contacto humano. Para cuando mi misión llegaba a su término, descubrí un terrible fallo de cálculo que desarmó toda la esperanza que quedaba en mí, para construir por momentos un insufrible reloj mental de cuenta atrás en el que se aproximaba mi muerte. seguir leyendo

El sombrero (relato)

Es bueno que la aventura sea inesperada, lo malo es que sea incomprensible.
Relato de una pesadilla de autora femenina, protagonista femenina y, los demás, inclasificables (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

El Sombrero

por Drizza Do`Urden

Sé qué pensarán. Estoy loca, trastornada, como una cabra. En fin. Lo sé. Pero me da igual. Tengo que contarlo. Tengo que hacerlo. Me liberará. Y a unas malas me servirá para reconciliar mi parte del yo racional, que según mi psicóloga, se resiste a aceptar la verdad, el dolor, la ausencia… Ya.

Mi prometido falleció hace un año en un accidente de moto. No está. No volverá. Lo sé. Y lo acepto. Es duro, lo ha sido y lo será. Pero la vida sigue. Y yo con ella. Para ello me propuse esparcir sus cenizas por algún sitio apartado y tranquilo, que me recordara a él.

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Una torre, un rayo, un globo de diálogo y dos máscaras, una triste y otra sonriente (microrrelato)

I CONCURSO TEMÁTICO DE MICRORRELATOS DEL CÍRCULO DEL LUDÓFAGO

Una torre, un rayo, un globo de diálogo y dos máscaras, una triste y otra sonriente

por JLBelloq

– Una torre, un rayo, un globo de diálogo y dos máscaras, una triste y otra sonriente ¿Y con esto hay que hacer un relato? ¡Vaya rollo! Éstos del Círculo del Ludófono han perdido el rumbo, con estos elementos no hay quien haga nada decente.

– Ludófago, tío, y me parece que sí, que se puede hacer algo chulo. Tú sólo piensa y verás.

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Una misión delicada (microrrelato)

I CONCURSO TEMÁTICO DE MICRORRELATOS DEL CÍRCULO DEL LUDÓFAGO

Una misión delicada

por JLBelloq

Pierre de la Tour era hombre de malos humos y pocas palabras. Las mejores cosas que tenía en su vida eran su Rolls Royce heredado de su padre y su no menos querido perro, un husky siberiano que acudía al oír su nombre, Sultán. Cuando el chucho desapareció, los gritos podían oírse desde la Comisaría de Policía, a cinco manzanas de su cubil, en el mismo centro de París. Los inspectores de la Sûreté habrían dado su paga del mes por saber qué hacía rabiar al criminal que los humillaba un día sí y otro también.

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Déjà vu (microrrelato)

I CONCURSO TEMÁTICO DE MICRORRELATOS DEL CÍRCULO DEL LUDÓFAGO

Déjà vu

por JLBelloq

     La lluvia empapaba las piedras de los muros, afuera, y la tormenta iluminaba el entorno en cortos intervalos. Dentro, un pequeño escenario en la sala principal de la torre era el lugar elegido para el regalo. La obra era un melodrama bien representado por los actores, los cinco miembros de la troupe contratada para el cumpleaños de la condesa. Los diálogos, cargados de ironía, hacían las delicias del público, apenas veinte personas invitadas por los condes a su castillo en la colina, atendidas por un puñado de sirvientes. seguir leyendo

La capilla (relato)

No sólo Dios habita en las plegarias del creyente (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary La capilla

por JLBelloq

La estancia, fría y vacía, se iluminó fugazmente por la rendija de la puerta. La religiosa se coló por ella, miró la figura de la Virgen a su derecha, se persignó, musitó unas palabras y luego cerró y la penumbra volvió a oscurecer la capilla. Unas pocas velas, al fondo, sobre el altar, le permitían caminar con cierta seguridad por el pasillo, entre los bancos de madera. En aquella suerte de catacumba, el mero roce de sus alpargatas sobre el suelo de baldosas sólo era igualado en sonoridad por la agitación de las telas de su propia ropa.

La mujer avanzó con languidez hasta el primer banco, donde dejó su Biblia y se arrodilló sobre el reclinatorio. Su mirada apuntaba arriba, al Cristo de madera clavado al crucifijo, con los ojos cerrados, las lágrimas detenidas por el escultor en mitad de las mejillas, y una expresión ya familiar de sufrimiento interminable. La luz de los cirios, a sus pies, resaltaba los contornos y creaba sombras duras en contrapicado, dotándolo de un aire extraño, como de aparición.

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Nostalgia de los Khazad (relato, parte quinta de cinco)

Nostalgia de los Khazad (final)

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Parte quinta y última 

Treinta y cinco años después el número de habitantes de Erebor había crecido considerablemente. Miles de enanos moraban ya allí y los trabajos eran intensos. Muchos de los llegados venían de las montañas del oeste, de Ered Luin, y otros provenían del este, de las Colinas de Hierro. Los rumores sobre Moria se habían ido extendiendo con el paso del tiempo y habían llegado incluso a los lugares más apartados. La nostalgia cubría el corazón de los enanos y con esa idea llegaban muchos de ellos a Erebor, creían que tarde o temprano se acabaría organizando una expedición hacia el antiguo hogar. seguir leyendo