LA CENA
Joaquín Carballo
Una vez que el calor de la majestuosa chimenea había inundado cada uno de los rincones de la vivienda de William Bennet y que el olor a tabaco de importación se había dispersado por todo el salón, se antojaba un momento ideal para abrir y degustar una botella de viejo whisky escocés. Faltaban solo unos minutos para las nueve de la noche.
El personal de servicio había finalizado su jornada hacía casi una hora. seguir leyendo
