Nostalgia de los Khazad (relato, parte cuarta de cinco)

Nostalgia de los Khazad (continuación)

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Parte cuarta

Gandalf había partido hacia el sur y Balin no deseaba atravesar el Bosque Negro, le traía malos recuerdos, por lo que decidió encaminarse hacia el norte. Los enanos avanzaron fácilmente por entre los árboles cercanos al bosque, refugiándose en sus sombras y sin temor a ningún peligro. Mientras no se internaran en él o mientras no fueran a cielo abierto no tenían nada por lo que preocuparse. Así pues su viaje fue relajado y tranquilo. Fueron hacia el norte y tras varios días viraron hacia el este, dejando al norte Ered Mithrin, las Montañas Grises. seguir leyendo

Nostalgia de los Khazad (relato, parte tercera de cinco)

Nostalgia de los Khazad (continuación)

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Parte tercera

El invierno pasó lentamente entre las rutinas diarias del asentamiento; como extraer materiales, clasificarlo, almacenarlo, trabajar en la fragua, darle forma, preparar la mercancía para comerciar, hacer inventario de suministros que se necesitaban; y con mucho frío pues ese invierno fue más intenso de lo normal y las nevadas fueron numerosas y muy copiosas; incluso tuvieron que despejar la entrada del refugio en más de una ocasión para evitar quedarse atrapados dentro. No se volvió a hablar del tema entre ellos en todo ese tiempo, y mientras Balin le dio muchas vueltas en su cabeza a todo el asunto. Quería abordarlo de forma adecuada, quería tomar la decisión correcta llegado el momento, y tarde o temprano ese momento llegaría.

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Nostalgia de los Khazad (relato, parte segunda de cinco)

Nostalgia de los Khazad (continuación)

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Parte segunda

Balin permaneció todo el invierno con Borin, en su mina. Ayudó a la extracción de materiales, participó en la fragua creando herramientas, armas y objetos diversos, y también amenizó las largas noches de invierno junto al fuego contando historias pasadas y leyendas antiguas de cuando los enanos despertaron en la Tierra Media. Fue un tiempo placentero sin duda, y esperaba repetirlo en otros asentamientos de la zona, pues quería volver a encontrarse con más viejos amigos. Pero un hecho del todo inesperado ocurrió en esos días. Una noche, después de volver a relatar la historia de la muerte de Smaug, se quedaron charlando un tiempo más Borin con Balin, y les acompañaban Úri y Kúri; y estando a solas los cuatro se planteó la siguiente cuestión:

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Nostalgia de los Khazad (relato, parte primera de cinco)

Crónica de la gestación de la reconquista de Moria por el pueblo enano, tal y como la habría concebido el propio Tolkien, según versión de un experto en la Tierra Media (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

Nostalgia de los Khazad

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

—¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera! —dijo Bilbo.

—¡Claro! —dijo Gandalf—. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!

—¡Gracias al cielo! —dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco.

(El Hobbit – J.R.R.Tolkien – Círculo de Lectores – 1995)

Parte primera

Balin se quedó mirando el fuego de la chimenea pensativo, dándole vueltas a las últimas palabras de Gandalf; pensaba en Thorin Escudo de Roble. Thorin también había sido un simple individuo en un mundo enorme, sin embargo con sus actos y decisiones había conseguido que se desencadenaran gran cantidad de acontecimientos, que habían finalizado con la muerte de Smaug el Terrible, con una gran batalla de la que habían salido victoriosos, no sin recibir también grandes y dolorosas pérdidas, y con la recuperación de Erebor para el pueblo enano. Entonces Balin expresó ese pensamiento en alto:

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El foso (relato)

Un relato corto tan cenagoso como el foso de un castillo, y es de Sutter Cane (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

El foso

por Sutter Cane

“Crónicas de las guerras de San Jorge, por Antoine Le Fanne. Copia del manuscrito original hallado en el monasterio de San Jorge, y traducido por Juan de Ávalos y Querol”

Tan pronto como las aviesas líneas de la luz del sol teñían de claridad la infernal bóveda oscura de la noche que habíamos dejado atrás, y mi cuerpo dolorido comenzaba a tomar consciencia de sus entumecidos miembros por dormir al raso entre las duras peñas, las primeras cornetas sonaron al alba para inducirnos a la prisa y no dejar el cuerpo despertar a su debido tiempo. Cuando el horizonte estaba claro, ya toda la ciudad ambulante en la que se había convertido el campamento en derredor del castillo, era todo un bullir de espadas afiladas. Sorteando las mugrientas tiendas haraposas serpenteadas por los caminos de barro, orín y excrementos de caballo, los soldados y caballeros corrían para disponerse en sus filas mientras, diseminados por allí, los rechonchos clérigos repartían bendiciones a diestro y siniestro deseando las mejores venturas para la batalla.

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Las puertas (relato)

La odisea de un anciano en lucha contra los terrores más ancestrales y los más mundanos, con el estilo barroco de un nuevo colaborador del Círculo del Ludófago (JLBelloq, Círculo del Ludófago) 

Las puertas

por Luis Núñez, para Cira

                     Las nubes comenzaban a caer con su enorme peso, oscuras, gigantescas. Como una manada de humo, se arremolinaban contra la tierra tiñéndolo todo con su espesa capa de negrura, engullendo a la colina y con ella a la atalaya que se erguía en lo alto con su perfil decadente y monstruoso, vigía perenne e insomne del transcurrir perpetuo de las horas, los años, los siglos. Sus agrietadas piedras aguantaban estoicas la brutal embestida del viento que arremetía contra las almenaras de su cima y que, correoso, recorría como una algazara sus entrañas hasta acabar reventando como un aullido avernal en la derruida entrada.

            Eduardo, cabrero, hijo y nieto de cabreros, se aferró a su garrote de castaño y miró a su rebaño. Las cabras comenzaban a arremolinarse unas con otras, en el centro las cabras viejas y las chivarras, las fuertes y el macho en primera línea aguantando el golpe del temporal, gesto ancestral de salvaguarda anclado a su instinto.  Los últimos esbozos de claridad comenzaban a borrarse a pinceladas, era necesario buscar el resguardo del pueblo antes de que estallara la tormenta. Silbó, como le había enseñado su padre y a éste el suyo. El agudo silbido fue rebotando por entre las laderas hasta perderse en la negrura del valle;  al escucharlo, el rebaño emprendió el camino de regreso, agachando la cabeza para que los primeros copos de nieve no les impidieran ver el camino, guiados por el gran macho cobrizo que abría camino adentrándose en las fauces de la tormenta. seguir leyendo

Cernunnos (relato)

La antropología puede ser una ciencia de riesgo si se ahonda en demasía en los orígenes de las creencias. Sutter Cane así lo ejemplifica (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

Cernunnos

por Sutter Cane

Tenía que haber algo detrás de todo. Todo debía estar conectado de alguna manera.

El anciano que clava en la tierra su bastón de roble para apoyar en él la mano y, sobre ésta, la cabeza, mientras, sentado sobre una peña en la ladera de la montaña, vigila el rebaño que se esparce monte arriba, hace mil años; la esbelta mujer de piel canela y reflejos dorados como el oro, que con un cesto de juncos se hunde hasta la cintura, recortando sobre el Nilo su cuello de ciervo y sus gráciles formas; generaciones de progenitores enseñando a sus primogénitos tendrían que hacer destilado alguna esencia con el paso de los siglos. Y la idea estaba allí, al alcance de su mano.

Ravenfast lo sabía. Aquel era su cometido, estaba a punto. La luz del conocimiento se disponía a irrumpir en la oscura caverna de la comprensión humana como una tromba de agua arrastra en la crecida de un río todo lo que encuentra a su paso.

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La batalla (relato)

La mirada personal y un tanto especial de uno de los protagonistas de esta escaramuza medieval (Círculo del Ludófago) 

La batalla

por J.L. Belloq

Subo a lo alto de la colina en mi caballo, que luce sus arreos de gala, pertrechado con mi armadura y mi espada, que no habré de desenvainar, puesto que soy el más alto estratega de esta tropa y no me corresponde luchar sino decidir quién morirá por la victoria y quién vivirá para celebrarla.

El campo de batalla está dispuesto. Contemplo mi ejército desplegado sobre el terreno: la infantería al frente, la caballería en los flancos, tiradores y máquinas de guerra detrás, y mi guardia personal, la élite de mis fuerzas, junto a mí, rodeándome, dispuestos a dar la vida por su rey. Más allá, al otro lado de la llanura, el enemigo. También ha traído toda su infantería, y no menos jinetes. Puedo distinguir sus catapultas y sus arqueros, expertos en la muerte a distancia. En lo alto de otra colina, frente a mí, veo la silueta de mi rival, rodeado, como yo, por sus mejores soldados.

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La preocupación de Martin Morannis (relato)

Sudor, nervios y un profesor agobiado. Mini relato de horror, otro más, de Sutter Cane (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

La preocupación de Martin Morannis

por Sutter Cane

     La frecuencia e intensidad de las visitas de Martin Morannis a su psicólogo había crecido notablemente en los últimos meses, de la misma forma que la tensión nerviosa se iba apoderando de su expresión facial.  En dichas visitas, sin embargo, conforme el sudor hacía acto de presencia, sus palabras habían ido en disminución y las pocas que salían de su boca resultaban un material muy mediocre como para que su psicólogo pudiera sonsacarle nada.

¡Ay! Martin, Martin… ¡resuelve ya tus preocupaciones! seguir leyendo

Batiscafo (relato)

Cuando H.P. Lovecraft leyó a Julio Verne, soñó algo como lo que imaginó Sutter Cane (JLBelloq, Círculo del Ludófago)

Batiscafo

por Sutter Cane

     Hermes Louis de Roggiant ha pasado a mejor vida. Su inesperado viaje a través del océano indudablemente le ha traído terribles consecuencias. Cierto es que lo que ustedes dicen sobre su salud mental antes del suceso son factores a tener en cuenta. Pero qué duda cabe, tras leer el testimonio que les traigo a continuación, de que la aventura en la que se vio envuelto ha sido decisiva en cuanto a su final.

Encontré este póstumo escrito en la mesa del comedor de su casa de verano, en Londres, donde él y yo solíamos reunirnos todos los años. Cita que esperábamos con ansiedad ambos, pues fuimos inseparables compañeros de andanzas en nuestra juventud. Es por ello que no hace falta decirles el pesar que me abate con respecto a todo este asunto. Hermes era un encomiable estudiante de ciencias naturales y biología. A punto de ser nombrado catedrático de la Universidad, era un ávido lector no sólo de libros de su disciplina profesional sino también de todas las ciencias tangentes a su especialidad, como por ejemplo Botánica y Zoología. seguir leyendo