Una paranoia digna del delirium tremens de un surrealista alcoholizado (JLBelloq, Círculo del Ludófago)
Hombres de otoño
por JLBelloq
Aparecen en otoño, como caídos del cielo, sobre las calles secas de la ciudad.
Deambulan por el asfalto, zigzagueando entre las aceras, esquivando baches y autos aparcados, como la hojarasca acumulada junto a los bordillos, removida por la suave brisa matutina.
Algunos, sin embargo, no se mueven, atorados en las rejillas, enganchados sin remedio en la vorágine de un desagüe. Son los perdidos, los que no verán el invierno.
Los otros sufrirán el frío implacable al abrigo precario de una esquina, un puente, un voladizo. Tarde o temprano acabarán junto a sus compañeros, atascados en las mismas rejillas, arremolinados en los mismos desagües, amontonados sobre cadáveres más desafortunados.
Unos pocos sobrevivirán a costa de los demás, se calentarán con los postreros soplos de calor de los moribundos, se agruparán alrededor de los últimos rescoldos y verán la primavera.
Son los hombres del otoño, los que vieron la luz solar y sintieron su calidez y su don de vida.
Ninguno revivirá más esos momentos, ni volverá a ver ese lugar de maravilla. Sólo recordarán con melancolía su propia historia y la de sus amigos caídos, desde el glorioso estío cuyo regreso casi pueden entrever en sus últimos ocasos.
Son los hombres del otoño, otrora criaturas del verano, condenados a muerte y olvido en los interminables vaivenes del tiempo.
Su única huella: una lágrima evaporada por el calor del sol.
