ESTEBAN
JL Belloq
Hacía casi un año que el padre Esteban había sido designado ayudante del padre Mauricio. El joven sacerdote se había encontrado a un hombre decrépito, un viejo de ochenta años o más con apariencia de noventa y muchos; también, un tullido con tal cantidad de faltas que se lo podía calificar de piltrafa humana; un hombre más próximo a la muerte que a la vida. seguir leyendo
