Este sábado nos hemos ido de excursión. Hemos cogido el autobús y nos hemos plantado al otro lado de la ciudad, en unas jornadas de juegos de mesa y frikadas varias de una asociación de barrio llamada TripleCinco.
Allí coincidimos con un montón de pirados -¿nosotros también lo pareceremos?- que no paran de jugar: unos, a todo lo que se les pone a tiro; otros, toda la tarde con lo mismo, ya sea X-Wing, Magic, FórmulaD, Carcassonne o a lo que sea que tengan vicio. El caso es echar un rato de ludofagia sana, como está mandado.
Entre las mesas de las partidas y las de los cómics y juegos a la venta, unos tíos se han traído ¡un gato disecado!, que dicen que es la mascota de su asociación, dedicada a todo lo que parece interesante bajo el sol. Nos hacemos la obligada foto de recuerdo con el gato, pillamos unas tarjetas y prometemos visitar su blog bajo la amenaza de que el bicho se nos aparezca en nuestras pesadillas. seguir leyendo

El pareado nos viene al pelo este sábado. Habíamos quedado en casa de Mati, que tiene de visita a su hermana Nani, la que estudia en Salamanca, y que viene de fin de semana. Nos la acaba de presentar y, cuando nos aprestamos a introducirla en nuestro plan de hoy, llega la madre de las dos diciendo que ni hablar, que está la tarde muy buena y que nos vayamos al parque a que nos dé el aire y el sol. No sé si será por educación o por respeto, pero el caso es que acabamos paseando por el parque del barrio, arriba y abajo, tomando el sol y el aire y echando gusanitos con queso a los patos. 







