Nostalgia
Loli Navarro, alias Naiema
El Aurora partió de la órbita terrestre en silencio, como si el Universo mismo estuviera conteniendo la respiración. A través del ventanal, la Tierra se hacía pequeña, un remolino azul y blanco que se alejaba lentamente. Nadie en la cabina hablaba, no hacía falta.
Para muchos, aquel viaje era un triunfo científico: el primer intento de alcanzar una estrella cercana en una nave de exploración humana. Para Elena, sin embargo, era algo más difícil de nombrar. Miraba al planeta que dejaba atrás y pensaba en calles húmedas después de la lluvia, en el aroma del café por la mañana, en voces familiares que ahora tardaría años en volver a escuchar.
La nave atravesó el vacío con una calma casi solemne. Fuera, las estrellas parecían inmóviles, como faros antiguos observando el paso de los viajeros. Dentro, el tiempo adquiría otro ritmo. Los días se medían en sistemas revisados, en trayectorias calculadas… y en recuerdos.
A veces, Elena imaginaba el momento de llegar. Un nuevo sol encendiéndose frente al casco, un mundo desconocido esperando ser nombrado. En esos pensamientos había entusiasmo, pero también una nostalgia suave, como una música que no se apaga del todo.
Comprendió entonces algo extraño: viajar por el espacio no era solo avanzar hacia lo desconocido; también era aprender a convivir con la distancia, con lo que se queda atrás.
Y, mientras el Aurora continuaba su rumbo entre las estrellas, Elena sintió que el Universo era inmenso… pero que ciertas ausencias podían ser todavía más grandes.
