6º relato _Concurso «Tichología ludopática 2026»

Bitácora DW3 – 23 de enero – El Aliento de la Muerte
Arturo Vasco, alias Cartman W. Ordelain


Nombre real: Cartman W. Ordelain
Lugar de nacimiento: Sector Roseta CQ-Y d59
Año de nacimiento: 3270         EDAD: 41

Bitácora DW3 Día 6 – El Aliento de la Muerte
Fecha Estelar: 23 de Enero, 3312
Ubicación: Spoihaae XE-X d2-9 (Monde de la Mort)
Distancia a Colonia: ~600 ly

«El universo se desarrolla como debe, pero hoy el universo ha intentado devorarnos. Nos encontramos a unos 600 años luz de la relativa seguridad de Colonia, pero aquí, en las puertas del infierno, la civilización parece un sueño lejano.

Han sido 90 minutos de una agonía técnica y psicológica insoportable. Intentar sincronizar el vector de entrada con un planeta que se mueve a velocidades imposibles dentro de la zona de exclusión es una locura que hoy hemos pagado cara. Hemos logrado aterrizar, pero el precio ha sido el más alto: innumerables vidas de comandantes y tripulaciones se han perdido en el intento, convertidas en polvo estelar por la radiación o aplastadas contra el regolito por errores de cálculo en la aproximación.

Los datos científicos recabados en la superficie de este grandioso y letal cuerpo celeste han salido demasiado caros; el censo de la expedición confirma con horror que hemos perdido a un tercio de los comandantes en apenas unas horas. Pero lo más despreciable no ha sido la física implacable del planeta, sino la naturaleza humana. Mientras luchábamos por la vida, un grupo de gankers se infiltraron en las frecuencias de la flota, emitiendo falsas coordenadas de aterrizaje seguro y señales de asistencia falsificadas. Su sabotaje en las telecomunicaciones atrajo a muchos compañeros hacia la superficie en el peor momento posible del ciclo orbital, condenándolos a una muerte segura bajo el calor y las altas gravedades. No fueron accidentes; fueron ejecuciones orquestadas en el vacío, dejando una cicatriz de deshonra que la comunidad de exploradores no olvidará jamás.

Una vez en la superficie, el silencio no fue paz. En cuanto los sistemas de comunicación se estabilizaron, las bandas de radio se inundaron con una cacofonía de transmisiones de socorro. Gritos, códigos de emergencia y despedidas finales de otros comandantes que no tuvieron nuestra suerte. Estábamos escuchando la extinción de una parte de la flota en tiempo real.

No hubo tiempo para la ciencia. La zona de alta gravedad volvió a reclamar su dominio sobre la nave mientras este monstruo se alzaba de nuevo en el horizonte, amenazando con calcinar nuestros módulos. Escapamos por poco, con los motores gritando bajo la presión y el casco crujiendo. Al mirar atrás por el visor, supe que muchos compañeros se habían quedado allí para siempre, sus naves ahora son solo tumbas de metal fundido en la superficie. Hoy no celebramos un descubrimiento; celebramos haber sobrevivido a la muerte.»

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