2º relato _Concurso «Tichología ludopática 2026»

Sonidos en el vacío
Loli Navarro, alias Naiema


La nave Erebo llevaba ciento diecisiete días viajando hacia el borde del sistema solar. Durante semanas, todo había sido rutina: revisiones, cálculos, silencio. El espacio, negro y profundo, parecía dormido.
Hasta que llegó la señal.

Primero fue un sonido débil en los auriculares de la ingeniera Lara. Un pulso irregular, como si alguien estuviera golpeando suavemente un metal muy lejano. Pensó que sería una interferencia, quizás algún satélite antiguo, pero el patrón se repitió.

Tres golpes, pausa, tres golpes. Lara revisó los registros: la señal no procedía de la Tierra sino de delante de la nave.

El capitán ordenó reducir la velocidad. En el radar apareció una forma borrosa, demasiado grande para ser un asteroide. La Erebo se acercó lentamente, apuntando con cientos de focos al interior de una cueva infinita.

Entonces la vieron: era una nave, o lo que quedaba de una. Oscura, gigantesca, cubierta por cicatrices de impactos, sin ninguna marca de registro, sin ninguna transmisión de identificación. Solo flotaba allí, girando despacio en la oscuridad, inerte desde hacía siglos.

Y el sonido volvió a escucharse: tres golpes, pausa, tres golpes, esta vez con más fuerza.

−¿Hay alguien ahí? –preguntó Lara por el canal abierto, aunque sabía que era absurdo.

Durante unos segundos no ocurrió nada, hasta que desde el interior de la nave desconocida algo golpeó otra vez.

Pero ahora no eran tres golpes, eran cuatro.

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