{"id":791,"date":"2021-11-26T13:40:40","date_gmt":"2021-11-26T12:40:40","guid":{"rendered":"http:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=791"},"modified":"2021-11-26T13:40:40","modified_gmt":"2021-11-26T12:40:40","slug":"8o-relato-fuera-de-concurso-del-vi-concurso-de-microrrelatos-noche-de-difuntos-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2021\/11\/8o-relato-fuera-de-concurso-del-vi-concurso-de-microrrelatos-noche-de-difuntos-2021\/","title":{"rendered":"8\u00ba relato -fuera de concurso- del VI Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2021"},"content":{"rendered":"<p><b><u>EL RITO<\/u><\/b><br \/>\n<i>Joaqu\u00edn Carballo<\/i><\/p>\n<p>Nueva York es una ciudad cautivadora. Amo cada uno de sus rincones, sus amplias avenidas, sus inabarcables rascacielos, sus estrechos callejones, que tambi\u00e9n los tiene y su gente: la mayor diversidad de personajes singulares pululan sin descanso por sus ruidosas y concurridas calles. <!--more-->Muchos de ellos recalan en mi peque\u00f1o negocio por casualidad, buscando algo inusual o simplemente son los clientes fieles de toda la vida y de los que conozco hasta su n\u00famero de zapato. Siendo como soy, experto conocedor de la fauna neoyorkina, juro que en m\u00e1s de cuatro d\u00e9cadas al pie del ca\u00f1\u00f3n, nunca viv\u00ed una situaci\u00f3n tan extra\u00f1a como la de aquella jornada de un caluroso s\u00e1bado de agosto del 69.<\/p>\n<p>Eran las tres y media de la tarde, una hora relativamente tranquila en la que cierro la puerta y aprovecho para colocar mercanc\u00eda en la trastienda, marcar precios o tomar algo fresco que alivie el asfixiante calor de los meses de verano. Tengo all\u00ed un peque\u00f1o sill\u00f3n reclinable, viejo y cuarteado donde descanso a veces. Reconozco que ese d\u00eda el agotamiento me gan\u00f3 la batalla y cerr\u00e9 los ojos m\u00e1s de lo que hubiera querido. Escuch\u00e9 la campanilla de la puerta y las risas y algarab\u00eda de un grupo de personas entrando. Me incorpor\u00e9 bruscamente ya que recordaba haber cerrado con llave, saliendo abruptamente de ese estado que no nos permite diferenciar si a\u00fan estamos so\u00f1ando o no. Trat\u00e9 de recomponer mi pobre y despeinada cabellera y sal\u00ed a toda velocidad, golpeando varias cajas vac\u00edas que estaban en mitad del pasillo.<\/p>\n<p>Aunque no lo pareciera por el murmullo, en la tienda solo se encontraba una joven pareja. \u00c9l con cara de ni\u00f1o, de baja estatura, nariz prominente y pelo largo y oscuro que cubr\u00eda unas orejas que se intu\u00edan grandes. Vest\u00eda polo blanco y pantal\u00f3n de color crema que combinaba con unas zapatillas amarillas. Esbozaba media sonrisa con gesto p\u00edcaro. La chica era un \u00e1ngel. Ten\u00eda un rostro hermoso, pelo largo rubio y una sonrisa cautivadora. A\u00fan con sandalias era m\u00e1s alta que \u00e9l. Llevaba un vestido corto estampado que realzaba su espl\u00e9ndida figura. El hombre se dirigi\u00f3 a m\u00ed con un acento extra\u00f1o, que hac\u00eda casi imposible adivinar su procedencia, pero mediante el cual deduje que no era americano. Buscaba raso y gasa de color negro. No sab\u00eda la cantidad exacta. Era responsable del equipo de una pel\u00edcula que se filmaba por la zona. Contaba que el rodaje estaba siendo todo menos tranquilo y el equipo de atrezzo hab\u00eda olvidado provisionar la tela para una escena trascendental. Hablaba de manera t\u00edmida, en tono bajo y monocorde, indicaba con los brazos el tama\u00f1o de lo que pretend\u00edan envolver con los tejidos y lo que quer\u00edan representar pero sin darme muchas explicaciones. Pens\u00f3 que ser\u00eda mejor llevarse un rollo de cada cosa.<\/p>\n<p>Entretanto ninguno de los dos hab\u00edamos reparado en que la chica resoplaba y gesticulaba como si un dolor punzante y terrible le atravesara el vientre. El dolor cada vez se hac\u00eda m\u00e1s presente y ella as\u00ed lo demostraba. La ayudamos a tumbarse en el suelo de la tienda mientras su pareja le acomodaba la cabeza sobre un coj\u00edn. Gritaba retorci\u00e9ndose. Los gritos no solo no cesaban, sino que cada vez eran mayores. La cara angelical se hab\u00eda transformado en sufrimiento infinito. No dejaba de agitar las piernas con fuerza golpeando sus pies contra el suelo. De pronto sentimos como si se desgarrara un trozo de tela. el vestido estampado comenz\u00f3 a te\u00f1irse de rojo a la altura del vientre y el suelo poco a poco se iba llenando de sangre. La chica yac\u00eda inerte mientras el hombre la miraba con tristeza agarr\u00e1ndola de la mano, en un ineficaz gesto por evitar que pereciera. El hombre se puso en pie y se desprendi\u00f3 del polo blanco e inmaculado que empap\u00f3 con la sangre de la mujer y con el que comenz\u00f3 a dibujar un c\u00edrculo a su alrededor y balbucear un ininteligible mantra mientras elevaba las manos ejecutando un rito totalmente desconocido para m\u00ed. En su boca se dibujaba una sonrisa maligna. Asustado me puse en pi\u00e9 con la sensaci\u00f3n de que el coraz\u00f3n iba a salirme por la garganta. El impacto provocado por la escena me imped\u00eda articular palabra o sonido alguno. El shock me ten\u00eda paralizado. Mis o\u00eddos zumbaban como si la presi\u00f3n del lugar fuera en aumento, igual que en el interior de un avi\u00f3n cuando eleva el vuelo. Mis piernas se debilitaron y ca\u00ed sin conocimiento como un peso muerto frente al cuerpo tendido de aquella mujer.<\/p>\n<p>En el mismo instante de la ca\u00edda salt\u00e9 del peque\u00f1o sill\u00f3n reclinable, viejo y cuarteado de la trastienda. Hab\u00eda permanecido dormido m\u00e1s de cuatro horas. Un sudor fr\u00edo recorr\u00eda mi frente y mi rostro. Las extremidades a\u00fan me temblaban. Proced\u00ed de inmediato a comprobar que en el resto de las estancias de la tienda todo siguiera igual. Volv\u00ed a casa abstra\u00eddo por los hechos, y en mi cabeza, como grabada a fuego, continuaba la escena de la chica tumbada sobre un charco de sangre, dentro de aquel c\u00edrculo sangriento dibujado en torno a ella, y a su acompa\u00f1ante recitando algo que no hab\u00eda llegado a escuchar con claridad.<\/p>\n<p>Al llegar a casa, tom\u00e9 un ba\u00f1o fresco, y sintonic\u00e9 la televisi\u00f3n con ganas de olvidar la terrible pesadilla con la que mi propio subconsciente me hab\u00eda atormentado tan solo unas horas antes. Pero ocurri\u00f3 lo que menos cab\u00eda esperar. La televisi\u00f3n mostraba una rueda de prensa a cargo de dos hombres. Uno de ellos contaba de manera pormenorizada los sucesos acaecidos en una mansi\u00f3n de Los \u00c1ngeles ese mismo d\u00eda, donde una serie de personas hab\u00edan sido brutalmente asesinadas. Entre las v\u00edctimas hab\u00eda una mujer id\u00e9ntica a la de mi pesadilla. Era la esposa de un famoso director de cine cuyo parecido con el hombre que la acompa\u00f1aba tampoco parec\u00eda casualidad. Un escalofr\u00edo recorri\u00f3 mi cuerpo al descubrir el maligno presagio que mi sue\u00f1o hab\u00eda canalizado.<\/p>\n<hr \/>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><em>[basado en la pel\u00edcula \u00abLa semilla del diablo\u00bb, adaptaci\u00f3n de Roman Polanski del libro \u00abRosemary&#8217;s baby\u00bb, de Ira Levin]\u00a0<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL RITO Joaqu\u00edn Carballo Nueva York es una ciudad cautivadora. 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