{"id":785,"date":"2021-11-11T10:17:06","date_gmt":"2021-11-11T09:17:06","guid":{"rendered":"http:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=785"},"modified":"2021-11-11T12:13:30","modified_gmt":"2021-11-11T11:13:30","slug":"7o-relato-fuera-de-concurso-del-vi-concurso-de-microrrelatos-noche-de-difuntos-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2021\/11\/7o-relato-fuera-de-concurso-del-vi-concurso-de-microrrelatos-noche-de-difuntos-2021\/","title":{"rendered":"7\u00ba relato -fuera de concurso- del VI Concurso de microrrelatos -Noche de Difuntos 2021"},"content":{"rendered":"<p><b><u>LA SEMILLA<\/u><\/b><br \/>\n<i>JLBelloq<\/i><\/p>\n<p>Guerra, hambre y enfermedad. Crimen, tortura y sufrimiento. El mundo estaba sumido en la vor\u00e1gine del mal que lo hab\u00eda engullido, asunto del que nadie era consciente desde que la sociedad hab\u00eda aniquilado todas las fuerzas que se opon\u00edan a ello.<\/p>\n<p>E. miraba con cierta satisfacci\u00f3n c\u00f3mo su mundo perfecto se desarrollaba a su alrededor. Hab\u00eda ascendido a directora, dejando en el camino a rivales y colaboradores por igual, trepando en la escala de poder de la empresa con ayuda de un c\u00f3ctel infalible de enga\u00f1os, traiciones y extorsi\u00f3n dif\u00edcil de eludir.<!--more--><\/p>\n<p>Su inmediato superior hab\u00eda fracasado en sus intentos criminales para impedir la ascensi\u00f3n de una mujer que amenazaba a cuantos se interpon\u00edan en el camino de su ambici\u00f3n. Mentiras, trampas, intimidaci\u00f3n&#8230; nada funcionaba contra una persona con una determinaci\u00f3n que rayaba en la obsesi\u00f3n psicop\u00e1tica. Desde que era su subordinada, muy pronto se hab\u00eda convertido en su mano derecha, en la empleada que lo sab\u00eda todo, que lo controlaba todo; a la que se ve\u00eda obligado a recurrir incluso para los asuntos m\u00e1s triviales.<\/p>\n<p>En su vida privada, E. compart\u00eda piso con M., un arquitecto tan ineficiente como tramposo, conocido en el mundillo por muchos trabajos que rozaban la estafa; un hombre de pocas luces pero que era el due\u00f1o legal de una vivienda en pleno centro, un tesoro codiciado por todos los profesionales de la ciudad. No uno de esos pisos mal remozados\u00a0del casco antiguo, desconchados, en edad de jubilaci\u00f3n: un \u00e1tico moderno, casi nuevo, con excelentes vistas a la plaza y al r\u00edo.<\/p>\n<p>Una pareja de ancianos usureros viv\u00edan en su misma planta. Debajo, una se\u00f1ora adinerada que explotaba a varias j\u00f3venes desgraciadas en un negocio de prostituci\u00f3n camuflado de servicio de limpieza. En alguna de las viviendas de m\u00e1s abajo, una mujer que gritaba todas las noches pidiendo ayuda in\u00fatilmente cuando su marido le pegaba. A la altura de la calle, pandillas de muchachos iracundos entablaban pelea con cuanto transe\u00fante distra\u00eddo no cambiaba de acera con suficiente antelaci\u00f3n. En la esquina, un farol abollado y torcido daba fe del atropello de una madre y su hijo peque\u00f1o y posterior huida del desalmado conductor responsable. En el edificio, nadie hablaba con vecinos, las sospechas de hurto se reflejaban en las miradas, la desconfianza y la agresividad animaban los gestos de unos y de otros.<\/p>\n<p>M. anhelaba conseguir uno de los proyectos emblem\u00e1ticos del ayuntamiento, para el cual se hab\u00eda propuesto a s\u00ed mismo como mejor opci\u00f3n frente a sus colegas. Un d\u00eda, sin embargo, recibi\u00f3 una llamada de uno de ellos. Antes de tener tiempo de responderle por acto reflejo con las imprecaciones que aparecieron en su boca, el otro consigui\u00f3 transmitir su mensaje: como personaje situado dentro de la esfera de amistades del alcalde, iba a ser el seguro destinatario de su gran proyecto, en perjuicio del que no era m\u00e1s que un arquitecto sin influencias.<\/p>\n<p>No obstante, ese no fue un episodio aislado, y otros con el mismo car\u00e1cter empezaron a sucederse en la vida de E. As\u00ed, fue propuesta para la expulsi\u00f3n fulminante por su propio jefe, que la estaba difamando con ayuda de un c\u00f3mplice bien pagado que hac\u00eda correr rumores por la empresa sobre su predisposici\u00f3n a los favores sexuales; su hermano se hab\u00eda apropiado de la herencia familiar al completo aprovechando la enfermedad de su madre, con la que no se hablaban; un atracador la asalt\u00f3 en la puerta de su edificio y, a pesar de llevarse su bolso con una generosa cantidad de dinero, la acuchill\u00f3 en una mano por simple placer; alguien rall\u00f3 la carrocer\u00eda de su coche con una llave, dibujando unos enormes genitales en el cap\u00f3; un bruto la arroll\u00f3 en la escalera sin inmutarse por su ca\u00edda. Incluso a la propia E., una mujer tan acostumbrada a pasar por encima de los dem\u00e1s sin remordimiento, le sorprend\u00eda tal c\u00famulo de situaciones que la perjudicaban.<\/p>\n<p>Sus vecinos de planta, la pareja de ancianos usureros, se volvieron m\u00e1s mezquinos. La miraban con desd\u00e9n, cuando no con desprecio; pasaron de los cuchicheos mal disimulados a comentar entre ellos, como si ella no estuviera delante, sobre su aspecto, que consideraban de fulana, o su comportamiento, que tachaban de paleto. Intentaron estafarla con cuotas inexistentes; le tiraron el correo, o eso supon\u00eda ella; malmet\u00edan a M. para que la echara del piso.<\/p>\n<p>En su vida de estr\u00e9s permanente, rodeada por la inquina y la maldad, E. se las arregl\u00f3 para quedar embarazada, \u00faltimo recurso para evitar la expulsi\u00f3n de la empresa y, por tanto, el \u00e9xito de los planes de venganza urdidos por su jefe. A partir de ese instante, E. sufri\u00f3 en su persona el desprecio de todos los inquilinos y propietarios del edificio, que, lejos de la indiferencia, se esmeraban en tratarla con malos modos, enfrentarle la mirada con desaf\u00edo, rozar el insulto en cada frase, manifestar repugnancia por su persona al cruzarse por la escalera. Y, como mujer dura e insensible que era, E. los enfrentaba, no se arredraba y devolv\u00eda maldad por maldad.<\/p>\n<p>Sin embargo, poco a poco comenz\u00f3, por influencia de su embarazo, a responder a los ataques con menos intensidad, a verse afectada por las actitudes de sus vecinos, como una persona d\u00e9bil y\u00a0 vulnerable cualquiera, como una de esas mismas a las que ella despreciaba en su trabajo. Se sent\u00eda falta de energ\u00eda, frustrada, rabiosa por no poder darles su merecido a todos esos indeseables que se cruzaban en su vida, a los que odiaba como lo hab\u00eda hecho con todas las personas desde que recordaba.<\/p>\n<p>Conforme pasaban los meses y se acercaba el momento del parto, E. sufr\u00eda m\u00e1s, se hab\u00eda debilitado y era incapaz de eludir las peque\u00f1as torturas y vejaciones de todos esos cobardes que se ensa\u00f1aban con ella. En el colmo del retorcimiento, M. comenz\u00f3 a participar, colaborando desde dentro de su propia casa con los que solo quer\u00edan hacerle da\u00f1o. La pareja de vejestorios de la usura se inmiscu\u00edan cada vez m\u00e1s en su vida, con la connivencia de M., que los defend\u00eda de cualquier acusaci\u00f3n y les abr\u00eda de par en par su casa para que maltrataran verbalmente a E.<\/p>\n<p>Ella se ocupaba en mantener al feto protegido, porque no pod\u00eda permitir que se estropeara en el \u00faltimo\u00a0 momento su \u00fanica baza para permanecer en la batalla por su puesto en la empresa, la \u00fanica forma que hab\u00eda podido idear para humillar a su jefe ante todo el personal. Incluso se acostumbr\u00f3 a esgrimir un gran cuchillo de cocina ante cualquiera que se le acercara, y lament\u00f3 la prudencia de todos ellos, que manten\u00edan la distancia mientras la insultaban, pues deseaba infligirles da\u00f1o f\u00edsico ahora que no estaba en condiciones de infligirles otros males m\u00e1s desagradables.<\/p>\n<p>El d\u00eda del parto, todo el vecindario la despidi\u00f3 en la escalera con aplausos, festejando su marcha, como si le desearan lo peor. Era un lugar horrible, pens\u00f3 E. en ese momento, aunque no muy diferente de lo que ella conoc\u00eda fuera, no muy diferente de su mundo de maldad, el mundo que ella misma alimentaba d\u00eda tras d\u00eda con su forma de actuar, con su forma de pensar. El mundo al que trajo a su hijo, un beb\u00e9 que llev\u00f3 al apartamento y del que M. se empe\u00f1\u00f3 en ocuparse mientras ella se recuperaba, con lo ego\u00edsta que era. Lo peor fue cuando, dos d\u00edas m\u00e1s tarde, aparecieron los usureros para llev\u00e1rselo a su propia casa con el consentimiento de M., ignorando los gritos de una E. desesperada que no se fiaba de sus intenciones.<\/p>\n<p>Horas m\u00e1s tarde consigui\u00f3 reunir fuerzas para levantarse de la cama y cruz\u00f3 el pasillo hasta la vivienda de los ancianos que, estaba convencida, le quer\u00edan arrebatar a su ni\u00f1o con la complicidad de su compa\u00f1ero de piso. All\u00ed se encontr\u00f3 con una sorprendente reuni\u00f3n de un buen n\u00famero de esos vecinos despreciables, arremolinados ante una hermosa cuna cubierta de tul blanco y celeste, tan bonita que daban ganas de vomitar. Todos callaron al verla en la entrada del sal\u00f3n, y abrieron un paso hasta el beb\u00e9 que lloriqueaba. E. camin\u00f3, tambaleante; a su alrededor, por toda la habitaci\u00f3n, las paredes luc\u00edan unos dibujos luminosos, de colores pastel, con motivos tan dulces que le causaban rechazo.<\/p>\n<p>Los presentes luc\u00edan unas sonrisas amables que les deformaban las caras, sonrisas de palurdos inocentones como esos de los que ella sol\u00eda abusar. El viejo usurero vest\u00eda una casulla de vivos colores y portaba un hisopo mientras pronunciaba en voz baja una letan\u00eda que los otros repet\u00edan para s\u00ed mismos mientras desgranaban cuentas de un collar terminado en una crucecita plateada. E. sab\u00eda qui\u00e9nes eran esos idiotas, gente ignorante de una de esas sectas adoradoras de Dios, un aut\u00e9ntico arca\u00edsmo fuera de lugar en ese mundo marcado por la maldad. Y entre ellos, el propio M., el cobarde, el traicionero, el secuestrador.<\/p>\n<p>Una cruz de color azul hab\u00eda sido cosida al tul blanco inmaculado que cubr\u00eda al beb\u00e9, y fue entonces cuando E. se sinti\u00f3 asustada, seguramente por primera vez en su vida, temerosa de algo que no comprend\u00eda, pero convencida de que aquello era importante por mucho que le disgustara. La vieja usurera la tom\u00f3 de la mano y la acompa\u00f1\u00f3 en los \u00faltimos pasos hasta la cuna, y E., a pesar de su repulsa, se asom\u00f3, mir\u00f3 a la criatura que sollozaba dentro, y entendi\u00f3\u00a0 de un golpe cu\u00e1l era su papel en esa historia y lo asumi\u00f3 sin ning\u00fan reparo, porque, a fin de cuentas, ella era la madre de ese ni\u00f1o que ven\u00eda a salvar al mundo.<\/p>\n<hr \/>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><em>[basado en la pel\u00edcula \u00abLa semilla del diablo\u00bb, adaptaci\u00f3n de Roman Polanski del libro \u00abRosemary&#8217;s baby\u00bb, de Ira Levin]\u00a0<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA SEMILLA JLBelloq Guerra, hambre y enfermedad. Crimen, tortura y sufrimiento. El mundo estaba sumido en la vor\u00e1gine del mal que lo hab\u00eda engullido, asunto del que nadie era consciente desde que la sociedad hab\u00eda aniquilado todas las fuerzas que se opon\u00edan a ello. 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