{"id":743,"date":"2019-12-16T23:49:59","date_gmt":"2019-12-16T22:49:59","guid":{"rendered":"http:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=743"},"modified":"2019-12-17T01:18:16","modified_gmt":"2019-12-17T00:18:16","slug":"noche-de-lluvia-en-el-convento-san-juan-de-dios-relato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2019\/12\/noche-de-lluvia-en-el-convento-san-juan-de-dios-relato\/","title":{"rendered":"Noche de lluvia en el convento San Juan de Dios (relato)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Una noche de juegos\u00a0en un lugar con demasiada mala fama<\/em><\/p>\n<h2><strong>Noche de lluvia en el convento San Juan de Dios<\/strong><\/h2>\n<p><em>por J.L. Belloq<\/em><\/p>\n<p>La noche no era demasiado fr\u00eda. El aguacero la hab\u00eda convertido simplemente en desagradable. Sin embargo, a pesar de llevar las chaquetas pingando, en el fondo agradec\u00edamos ese aporte natural a la ambientaci\u00f3n.<!--more--><\/p>\n<p>Hab\u00edamos terminado tarde. La sala, por fin, estaba preparada para el d\u00eda siguiente y no tendr\u00edamos que madrugar: seis grandes mesas con dos tableros de ajedrez en cada una, con los trebejos dispuestos encima y los relojes a un lado. La biblioteca del antiguo convento no albergaba un solo libro y, salvo por el mobiliario, era un espacio esencialmente vac\u00edo. Al fondo, un enorme cortinaje separaba otra sala m\u00e1s peque\u00f1a, destinada a la futura filmoteca. Al otro lado de la puerta, el pasillo por el que hab\u00edamos tra\u00eddo todo el material parec\u00eda sitiado por el agua, que golpeaba cada vez con m\u00e1s fuerza contra la cristalera herm\u00e9tica que lo aislaba del patio central del claustro.<\/p>\n<p>Alguien propuso aprovechar el lugar y el momento para un juego de mesa, una partida de un juego lovecraftiano que guard\u00e1bamos con celo en uno de los armarios. La noche lluviosa, junto con la leyenda que rodeaba ese antiguo convento reconvertido en centro cultural, constitu\u00edan un marco demasiado tentador, y decidimos sacar el tablero a la triste luz de unas pocas bombillas de techo cuya distancia del suelo, escasa intensidad y color amarillento aportaban otro punto m\u00e1s al ambiente siniestro que busc\u00e1bamos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00bfOs acord\u00e1is de cuando el convento sali\u00f3 en \u201cCuarto Milenio\u201d?<\/p>\n<p>L.L. no dej\u00f3 pasar la oportunidad y aprovech\u00f3 la coyuntura para instruirnos sobre la leyenda local:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Entrevistaron a gente del pueblo que hab\u00eda visto cosas. Una profesora aseguraba haber o\u00eddo m\u00fasica una noche, y el guarda juraba que hab\u00eda visto la silueta de un hombre al fondo de un corredor.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Yo no s\u00e9 lo que ver\u00eda, pero s\u00ed s\u00e9 que no quiso trabajar m\u00e1s aqu\u00ed. Supongo que eso le da veracidad a su relato, \u00bfno?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Bueno, al menos cre\u00eda con sinceridad en lo que contaba, algo es algo. \u00a1Oye, hoy podr\u00edamos comprobarlo in situ, a lo mejor se nos aparece a nosotros&#8230;!<\/p>\n<p>Mi escepticismo al respecto, como el de D.D. y el del propio L.L., era asumido por todos nosotros, aunque nos gustaba ironizar sobre ello. L.C., por su parte, tampoco parec\u00eda una mujer impresionable. Todo pas\u00f3 al olvido en cuanto dispusimos las figuras, el tablero, las fichas y las cartas, y nos entregamos a nuestro vicio preferido: imaginar. Transcurrieron m\u00e1s de tres horas, en las que vivimos una aventura de misterio y horror a partes iguales. El ordenador reproduc\u00eda una leve m\u00fasica de fondo acorde a la situaci\u00f3n; a pocos metros, el torrente de agua que se abat\u00eda ruidosamente sobre el patio del claustro acompa\u00f1aba magn\u00edficamente los momentos de tensi\u00f3n de la partida. En el juego, nuestros avatares se mov\u00edan por el interior de una mansi\u00f3n imaginaria afectada por un horror cuya amenaza est\u00e1bamos obligados a conjurar. Entre apariciones, fen\u00f3menos paranormales y monstruos horrendos de diversa \u00edndole, una parapsic\u00f3loga, una cient\u00edfica, un detective y un actor fueron perdiendo su cordura, su salud y finalmente su vida en una org\u00eda de luchas desesperadas, tiroteos, huidas y sangre. Era una historia desarrollada \u00edntegramente en nuestras mentes en virtud de una imaginaci\u00f3n excitada por el propio juego y aderezada por la m\u00fasica y el rumor grave de la lluvia.<\/p>\n<p>Los visitantes hab\u00edan ido abandonando el convento a lo largo de la primera hora. El conserje se hab\u00eda marchado; la oficina tur\u00edstica ya no era atendida por nadie; el peque\u00f1o bar hab\u00eda desalojado a sus parroquianos y el camarero se hab\u00eda ido a casa. Una espectadora casual, B.S., conocida de L.C., se uni\u00f3 a nosotros, embelesada con nuestras evoluciones y nuestras vicisitudes. Bajo su mirada curiosa pasamos el resto de la partida solos en el edificio, jugando, con el sonido cada vez m\u00e1s alto de los crujidos y las vibraciones de las puertas que daban al patio, que se sobrepon\u00edan a la m\u00fasica de fondo que segu\u00eda reproduciendo el ordenador.<\/p>\n<p>Hab\u00edamos dejado atr\u00e1s la medianoche cuando nuestra espectadora decidi\u00f3 que era su hora de marcharse. L.L. dej\u00f3 sobre el tablero la figura de pl\u00e1stico de la parapsic\u00f3loga, su alter ego en la partida, volvi\u00f3 a la realidad y se ofreci\u00f3 a acompa\u00f1ar a la chica a la salida. Agarr\u00f3 el manojo de llaves y el tintineo consigui\u00f3 sacarnos del trance en que nos sum\u00eda el juego, e hicimos un alto en nuestra singular aventura. Tras m\u00e1s de tres horas yendo y viniendo, investigando, pensando, luchando y corriendo, nuestros personajes ya andaban locos o heridos a esas alturas, y nosotros mismos muy cansados.<\/p>\n<p>Estiramos las piernas a la espera de L.L. Unos minutos despu\u00e9s o\u00edmos de nuevo el tintineo de llaves, pero ambos ven\u00edan de regreso. La llave del port\u00f3n exterior no funcionaba, hab\u00edan cambiado el candado: cab\u00eda la posibilidad de que estuvi\u00e9ramos encerrados en el convento.<\/p>\n<p>L.C. y D.D. los acompa\u00f1aron de vuelta, a la b\u00fasqueda de una salida. Yo me qued\u00e9 en la biblioteca, solo, rematando los preparativos del d\u00eda siguiente. La m\u00fasica segu\u00eda sonando por los peque\u00f1os altavoces del port\u00e1til. Era una melod\u00eda mon\u00f3tona, de aire siniestro, que, fuera del contexto de la partida, me inquiet\u00f3. El viento agitaba con estr\u00e9pito las puertas de cristal que daban al claustro, y me vino a la mente la imagen de uno de nuestros monstruos imaginarios, cuyas miniaturas segu\u00edan dispuestas sobre el tablero, intentando derribarlas con violencia para penetrar en nuestro templo desde el mundo exterior y acabar con todos nosotros como preludio al caos y la destrucci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Sonre\u00ed. Me entretuve decidiendo cu\u00e1l de las miniaturas corresponder\u00eda mejor con el monstruo que parec\u00eda que intentaba echar abajo el precario refugio del convento. Pens\u00e9 en el Perro de T\u00edndalos que ten\u00eda ante m\u00ed, pintado en azul y dorado sobre una peana negra, pero record\u00e9 que su h\u00e1bitat eran los \u00e1ngulos imposibles, los recovecos donde las l\u00edneas de varias dimensiones se unen defectuosamente, y una puerta plana en un espacio tridimensional no le supondr\u00eda un obst\u00e1culo. Desech\u00e9 por igual al Shoggoth, una figura imponente, primorosamente decorada, demasiado poderosa para un obst\u00e1culo tan nimio, que habr\u00eda destrozado con un simple gesto. No, la criatura que ara\u00f1aba y empujaba con todas sus fuerzas el cristal y amenazaba con hacer saltar las bisagras ten\u00eda que ser un Profundo, un engendro marino habituado al agua, que consideraba a los humanos sus enemigos naturales y se ensa\u00f1aba con su muerte. S\u00ed, definitivamente, deb\u00eda ser uno de esos seres el que embest\u00eda la puerta de cristal desde el otro lado, donde la propia lluvia rivalizaba con su \u00edmpetu.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a sonre\u00edr. Me encantaba ese juego, y el ambiente, y esos mundos lovecraftianos en que nos encantaba sumergirnos una y otra vez para escapar de la realidad aunque solo fuera durante unas pocas horas.<\/p>\n<p>Los otros tardaban. Aprovech\u00e9 para ir al ba\u00f1o, al fondo del pasillo, saliendo de la biblioteca a la derecha. Unas luces demasiado tenues se encendieron a mi paso, activadas por el sensor de movimientos de esa parte. Me detuve en la puerta de los servicios. Dentro, la oscuridad era completa. La luz autom\u00e1tica tard\u00f3 unos segundos en reaccionar, pero acab\u00f3 encendi\u00e9ndose tras un par de parpadeos dubitativos. Mir\u00e9 atr\u00e1s: el extremo opuesto, por donde hab\u00edan desaparecido los dem\u00e1s, se ve\u00eda negro como un tragante. All\u00ed doblaba el pasillo, pero todos los arcos del claustro hab\u00edan sido acristalados, y se podr\u00eda ver la luz de los m\u00f3viles y la del propio pasillo en cuanto estuvieran regresando.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 por el arco que daba a los servicios y tom\u00e9 la puerta que ten\u00eda pegado un monigote con pantalones, tan mal hecho que pens\u00e9 que daba m\u00e1s miedo que el Profundo del patio, lo que me hizo sonre\u00edr una vez m\u00e1s. Dentro, a pesar de que la bombilla del cub\u00edculo estaba fundida, con la escasa luz de fuera pude entrever una especie de nicho cerca del techo; un agujero que, rodeado de penumbra, se ve\u00eda oscuro. Por alguna raz\u00f3n inexplicable me inquiet\u00f3 que de ah\u00ed pudiera salir algo, por lo que orin\u00e9 echando miradas por encima del hombro. Contra mi costumbre, no limpi\u00e9 las gotitas salpicadas en la taza ni tir\u00e9 de la cadena, impaciente por volver al pasillo con el Profundo imaginario que a\u00fan persist\u00eda en sus embates contra los cristales.<\/p>\n<p>La luz desapareci\u00f3 de repente: el temporizador la hab\u00eda cortado. Manote\u00e9 en el aire, como saludando al sensor de movimiento para que reaccionara, pero no lo hizo. Durante unos segundos permanec\u00ed quieto en la m\u00e1s completa oscuridad, esperando que mi vista se habituara a la ausencia de luz y pudiera captar lo suficiente como para regresar a la biblioteca sin ning\u00fan percance.Con los ojos in\u00fatiles todav\u00eda, mis o\u00eddos tomaron el relevo y fui capaz de distinguir el murmullo lejano de la m\u00fasica cansina que el ordenador segu\u00eda reproduciendo, incluso bajo el esc\u00e1ndalo del agua que rociaba las puertas desde el lado del patio con un ruido ensordecedor.<\/p>\n<p>Un roce leve a mi izquierda me hizo mirar adentro, al servicio que acababa de abandonar, y se me eriz\u00f3 el vello de todo el cuerpo. Arriba, lo que hab\u00eda distinguido como un rect\u00e1ngulo negro rodeado de gris, ahora no ten\u00eda los bordes rectos, sino sinuosos y difusos. La triste bombilla de la entrada no me permit\u00eda estar seguro, pero algo que me pareci\u00f3 miedo, del de verdad, me inund\u00f3, y sent\u00ed la necesidad de echar a correr, lo que era incre\u00edble en m\u00ed, tan racional, tan fr\u00edo y tan esc\u00e9ptico. No obstante, consegu\u00ed retener mi primer impulso. El coraz\u00f3n se me aceler\u00f3 de una forma antinatural, pero permanec\u00ed quieto.<\/p>\n<p>Al otro lado, una luz vacilante anunci\u00f3 el regreso de mis compa\u00f1eros. En cuanto doblaron la esquina, el sensor activ\u00f3 las luces de mi tramo de pasillo al tiempo que apagaba las del anterior. A mi izquierda, el rect\u00e1ngulo negro del nicho volvi\u00f3 a ser el simple agujero que yo sab\u00eda que era, y las palabras de los que se acercaban acabaron con cualquier atisbo de intranquilidad. El momento hab\u00eda pasado y no dej\u00e9 traslucir inquietud para no parecer miedoso y hacer el rid\u00edculo.<\/p>\n<p>La exploraci\u00f3n tra\u00eda de regreso a tres de los expedicionarios. D.D. hab\u00eda subido por su cuenta a la planta superior y, despu\u00e9s de tanto rato, los otros hab\u00edan supuesto que habr\u00eda bajado por la escalera del lado opuesto y estar\u00eda conmigo. No contestaba al tel\u00e9fono, lo que en un edificio tan antiguo no era tampoco ninguna sorpresa, pues los puntos con cobertura eran tan escasos como err\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Me pusieron al d\u00eda sobre las averiguaciones: el port\u00f3n era infranqueable. No ten\u00edamos llave de las otras dos salidas posibles a la calle, la de la oficina de turismo y la de la capilla. Solo quedaba investigar arriba, pues por la azotea se pod\u00eda acceder a la muralla abaluartada y descolgarse por ah\u00ed. Desechamos la idea autom\u00e1ticamente: demasiada oscuridad y demasiada agua, era muy arriesgado. Solo quedaba pedir ayuda del exterior, y la Polic\u00eda era la mejor baza, pues en sus dependencias se custodiaban las llaves de todos los edificios p\u00fablicos. No obstante, decidimos posponer la llamada de socorro hasta que estuvi\u00e9ramos al completo: hab\u00eda que esperar a D.D.<\/p>\n<p>El viento se colaba por las rendijas de la construcci\u00f3n y hab\u00eda encharcado parte de los pasillos alrededor de todo el claustro. El agua segu\u00eda golpeando las cristaleras, zarandeando las puertas y chorreando por debajo de ellas; el patio era un enorme charco que los sumideros no eran capaces de desaguar. Nos refugiamos en la biblioteca, donde entre conversaciones y bromas esperamos al desaparecido, cuyo comportamiento, haciendo la guerra por su cuenta, era marca de la casa. Quince minutos despu\u00e9s nadie dec\u00eda una palabra. Nuestra espectadora se desesperaba, m\u00e1s agobiada que nadie ante el desenlace interminable de su visita. Definitivamente, a esta chica le iban a quedar pocas ganas de unirse a nuestro grupo en el futuro.<\/p>\n<p>Terminamos por ir en busca de D.D., al que nos prometimos echar una buena bronca. Las chicas prefirieron quedarse en la biblioteca por puro sentido com\u00fan: alguien ten\u00eda que estar all\u00ed por si aparec\u00eda el perdido. Y, adem\u00e1s, necesitaban ir al ba\u00f1o.<\/p>\n<p>L.L. y yo partimos de vuelta, rodeando todo el claustro bajo la luz indecisa del pasillo, que se encend\u00eda ante nosotros y se apagaba a nuestra espalda como si nos estuviera atrayendo a alg\u00fan punto m\u00e1s all\u00e1. Al final del segundo tramo accedimos a la puerta que conduc\u00eda al exterior, donde se encontraba el port\u00f3n cerrado. Justo antes arrancaba la escalera que sub\u00eda a la segunda planta, una ristra de escalones angostos que ascend\u00eda en curva bajo un techo demasiado bajo. Encendimos la linterna de los m\u00f3viles y subimos.<\/p>\n<p>Arriba encontramos un pasillo id\u00e9ntico al de la planta baja, solo que esta parte, todav\u00eda sin restaurar, ten\u00eda las paredes agrietadas y desconchadas; el suelo hab\u00eda perdido muchas baldosas, los escombros salpicaban todo el espacio que las linternas alcanzaban a iluminar, y los numerosos agujeros nos obligaban a alumbrar hacia abajo todo el tiempo. Lo peor era que el claustro no estaba aqu\u00ed cerrado por cristaleras, por lo que el pasillo era un t\u00fanel de viento tomado por el temporal que se abat\u00eda sobre el edificio. El agua irrump\u00eda por los arcos al ritmo irregular que le marcaban los golpes de aire; el pasillo estaba inundado y chapote\u00e1bamos en el barro como si estuvi\u00e9ramos en medio del campo. Aqu\u00ed hab\u00eda subido D.D., o al menos lo hab\u00edan perdido de vista cuando decidi\u00f3 subir. Ten\u00edamos que recorrer esa planta y mirar dentro de las estancias que se abr\u00edan todo alrededor en id\u00e9ntica configuraci\u00f3n que la planta inferior. Visto el estado de todo, no ser\u00eda extra\u00f1o que hubiera tenido un accidente, con tantos agujeros por todas partes, cascotes, tablones, tejados medio derruidos, el barro resbaladizo, la oscuridad. A pesar de todo, acordamos que no se iba a librar de una buena bronca, aunque se hubiera partido una pierna.<\/p>\n<p>Avanzando por el primer tramo, una r\u00e1faga de agua nos empap\u00f3 de la cabeza a los pies. Abajo, mirando en diagonal a trav\u00e9s del patio, se pod\u00eda distinguir la entrada de la biblioteca, por cuya puerta medio abierta una tira de luz iluminaba parte del pasillo inferior. En las primeras salas que nos encontramos, dos cuartuchos abovedados repletos de herramientas, no descubrimos nada. Tras el primer giro vimos una sala enorme con el techo derrumbado, cubierta de restos de tejas rotas all\u00ed donde los maderos de la techumbre hab\u00edan cedido. Junto a la entrada, otra puerta cerrada imped\u00eda el acceso a la sala contigua.<\/p>\n<p>Seguimos por el segundo corredor. La oscuridad era casi total. Ya no se ve\u00eda la biblioteca, que ahora estaba justo debajo de nosotros. Solo la luz bamboleante de nuestros m\u00f3viles mostraba algo a nuestros ojos, pues la luna hab\u00eda desaparecido por completo tras la lona negra de las nubes de tormenta.<\/p>\n<p>El segundo tramo de pasillo terminaba bruscamente en una peque\u00f1a puerta met\u00e1lica. Otra puerta, a la derecha, daba paso a otra sala. Ah\u00ed parec\u00eda terminar nuestra exploraci\u00f3n por ese lado. Atisbamos el interior con recelo. A pesar de\u00a0 nuestro racionalismo y de lo esc\u00e9pticos que \u00e9ramos ambos frente a las cuestiones esot\u00e9ricas y sobrenaturales, L.L. y yo hab\u00edamos perdido la tranquilidad de esp\u00edritu que nos caracterizaba.\u00a0La luz cada vez m\u00e1s d\u00e9bil de los m\u00f3viles no alcanzaba a iluminar el fondo de esa \u00faltima sala, un espacio enorme cuyas paredes parec\u00edan desmoronarse al ritmo del temporal. Desconectamos las linternas para ahorrar bater\u00eda. Con la iluminaci\u00f3n de una pantalla blanca nos adentramos en el interior de esa boca de lobo. Detr\u00e1s dejamos el viento y las rachas de agua de la intemperie; delante, solo ten\u00edamos oscuridad y una relativa tranquilidad.<\/p>\n<p>Anduvimos casi a tientas, siguiendo la pared de nuestra izquierda desde el inicio. El m\u00f3vil alumbraba poco m\u00e1s de un metro delante de nosotros, creando una esfera de penumbra en medio de un pozo de negrura. Llegamos al rinc\u00f3n y continuamos hacia el siguiente, m\u00e1s por cumplir con nuestra responsabilidad como exploradores que por la esperanza de encontrar a nadie en esa oscuridad.<\/p>\n<p>Cerca del siguiente rinc\u00f3n, un agujero en la pared llam\u00f3 nuestra atenci\u00f3n. Era poco m\u00e1s que una gatera. Por ah\u00ed no cab\u00eda una persona y, sin embargo, cuando me agach\u00e9 y alumbr\u00e9 con el tel\u00e9fono, vi un par de dedos asomando por la abertura y me sobresalt\u00e9. Nadie m\u00e1s que D.D. nos hab\u00eda precedido, ten\u00eda que ser \u00e9l.<\/p>\n<p>Lo llamamos a grito pelado, pues el estruendo del aguacero se ampliaba notablemente con los ecos de las paredes vac\u00edas. D.D. no reaccion\u00f3. Intent\u00e9 tomar su mano, pero solo fue un contacto fugaz, pues encontr\u00e9 la piel resbaladiza, con un tacto parecido al de las babosas, y la aprensi\u00f3n me hizo soltarlo de inmediato. L.L. me sacudi\u00f3 el hombro. Me agach\u00e9 un poco m\u00e1s y enfoqu\u00e9 la pantalla del tel\u00e9fono directamente en el agujero. La mano, apoyada en el suelo, no era la de D.D., no pod\u00eda serlo, demasiado lisa y amorfa. Y, sin embargo, la manga era la de su camisa y el vaquero tambi\u00e9n parec\u00eda el suyo. Estaba sentado contra la pared, del otro lado del agujero, completamente inm\u00f3vil.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Parece \u00e9l&#8230; \u00bfC\u00f3mo habr\u00e1 entrado ah\u00ed? Por aqu\u00ed no cabe, y la puerta de aqu\u00ed al lado est\u00e1 cerrada&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; A lo mejor sali\u00f3 afuera, a la azotea, y se descolg\u00f3 dentro por un agujero en el tejado&#8230; O se cay\u00f3, lo m\u00e1s probable&#8230; Es raro que no conteste\u2026<\/p>\n<p>Debi\u00f3 ser as\u00ed. No hab\u00eda acceso visible a esa otra sala donde yac\u00eda nuestro amigo, seguramente aturdido. Por fortuna, el perfil de la pared en la zona rota mostraba un tabique delgado y fr\u00e1gil que deb\u00eda pertenecer a la obra nueva.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Yo digo que hagamos el agujero m\u00e1s grande y lo traigamos a este lado. La pared ya est\u00e1 rota, qu\u00e9 m\u00e1s da un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>L.L. sali\u00f3 afuera en busca de una piedra o cualquier objeto contundente. Yo esper\u00e9 junto al agujero, intentando comunicarme con D.D. Met\u00ed la mano de nuevo y le ara\u00f1\u00e9 y le pellizqu\u00e9 la espalda, absteni\u00e9ndome expresamente de volver a tocar la mano viscosa, pero no ocurri\u00f3 nada, salvo que, de repente, empez\u00f3 a murmurar algo que el ruido del ambiente me imped\u00eda distinguir. Parec\u00eda una letan\u00eda cuyas palabras, pronunciadas entre dientes, se perd\u00edan en las reverberaciones.<\/p>\n<p>L.L. regres\u00f3 con un adoqu\u00edn en la mano. Bastaron unos pocos golpes para que la gatera se convirtiera en un boquete m\u00e1s que suficiente. Por fin pudimos tirar de D.D., a quien arrastramos sin contemplaciones a nuestro lado del tabique. En el suyo, la oscuridad nos imped\u00eda ver nada. No detuvo por ello la letan\u00eda mon\u00f3tona cuyas palabras nos resultaban indistinguibles. Apoyamos el cuerpo contra el muro y solo entonces la luz del m\u00f3vil revel\u00f3 la cara de quien\u00a0 supon\u00edamos nuestro compa\u00f1ero. Dimos un paso atr\u00e1s por puro reflejo: ese no era D.D&#8230;, o s\u00ed, lo era, pero no&#8230; Sus facciones se hab\u00edan diluido, como si su cara fuera ahora una superficie plana sobre la que los rasgos hubieran sido dibujados. Era una visi\u00f3n inquietante.<\/p>\n<p>Nos miramos y tragamos saliva. Ni L.L. ni yo \u00e9ramos personas impresionables, pero eso superaba con creces cualquier otro episodio anterior en nuestras vidas. Y lo peor de todo: era real, lo est\u00e1bamos viendo; no era una pel\u00edcula ni un relato terror\u00edfico salido de la imaginaci\u00f3n de un escritor neur\u00f3tico. A pesar de todo, asimos una manga cada uno y nos llevamos a rastras el cuerpo informe de quien deb\u00eda ser D.D., que continuaba con su murmullo repetitivo y no nos miraba a la cara en ning\u00fan momento.<\/p>\n<p>Salimos al pasillo. La tormenta se hab\u00eda convertido en tempestad. Las r\u00e1fagas de agua penetraban por los arcos como olas de mar; arrastraban consigo tierra y escombros y azotaban los muros interiores, cada vez m\u00e1s deteriorados. Un fragmento de ladrillo se estrell\u00f3 a un par de metros de nosotros; el pasillo era un caos de agua, viento y restos de obra. No parec\u00eda el mismo que hab\u00edamos recorrido solo unos minutos antes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Est\u00e1 todo embarrado, deber\u00edamos cogerlo por las manos y los pies&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Da igual, as\u00ed iremos m\u00e1s r\u00e1pido. Mira c\u00f3mo estamos los tres, poco vamos a empeorar&#8230;<\/p>\n<p>Echamos a correr tirando de D.D. Trozos de ladrillo, arena y agua nos rodeaban por todas partes; el viento arreciaba y las rachas, cada vez m\u00e1s violentas, nos empujaban con fuerza contra el muro. Conseguimos acceder a la escalera, y solo entonces soltamos a D.D. Recuperamos el resuello sentados en los escalones, con la letan\u00eda acompa\u00f1ando nuestros pensamientos. Logr\u00e9 distinguir algo de lo que dec\u00eda: \u201cno quiero\u201d, \u201clejos\u201d y \u201cmiedo\u201d, palabras sueltas.<\/p>\n<p>Cargamos de nuevo con \u00e9l y nos encaminamos a la biblioteca, en busca de nuestras compa\u00f1eras. Ya est\u00e1bamos todos, podr\u00edamos llamar a la Polic\u00eda y que nos sacaran de all\u00ed de una vez.<\/p>\n<p>La\u00a0iluminaci\u00f3n autom\u00e1tica nos acompa\u00f1aba a su manera vacilante. Por las cristaleras de la planta baja no se ve\u00eda ahora la franja de luz de la biblioteca que hab\u00edamos observado desde arriba: hab\u00edan cerrado la puerta. Cuando llegamos, dentro segu\u00edan las bombillas encendidas. Encontramos a L.C. y B.S. sentadas en el suelo, en el extremo m\u00e1s alejado de la entrada; la segunda, sollozando, se acurrucaba entre los brazos de la primera.<\/p>\n<p>Soltamos a D.D. y nos acercamos. L.C. nos indic\u00f3 con un gesto que no pregunt\u00e1ramos. \u00a1Vaya noche! No sal\u00edamos de una y ya est\u00e1bamos en otra. Tal parec\u00eda que hubiera un esp\u00edritu de verdad haci\u00e9ndonos la pu\u00f1eta.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Da lo mismo, salgo a llamar. Quedaos vosotros con estos dos.<\/p>\n<p>L.L. volvi\u00f3 a salir al pasillo. Se lo agradecimos sin palabras: ten\u00edamos que salir del maldito convento ya o nos volver\u00edamos locos. Era el colmo que tuviera que ir a la otra punta del edificio para hacer una llamada, por culpa de la cobertura, como si estuvi\u00e9ramos en una de esas pel\u00edculas de terror cutres donde nunca funcionan los m\u00f3viles y a todo el mundo se les caen las llaves de las manos.<\/p>\n<p>L.C. y yo esperamos un rato junto a B.S., que acab\u00f3 por dormirse. La tendimos sobre una hilera de sillas y entonces hablamos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; No s\u00e9 qu\u00e9 ha pasado, pero ha sido muy gordo, J.L. Hemos ido al ba\u00f1o, a este de aqu\u00ed al lado. La dej\u00e9 pasar a ella primera y, en cuanto cerr\u00f3 la puerta, se puso como hist\u00e9rica y empez\u00f3 a golpearla desesperada. Intent\u00e9 abrir, pero ella empujaba hacia fuera y no me hac\u00eda caso. Gritaba muerta de miedo, y no me escuchaba, o no me entend\u00eda. Solo cuando logr\u00e9 abrir una rendija a viva fuerza dej\u00f3 de gritar y se abalanz\u00f3 fuera, con la cara desencajada, y sali\u00f3 corriendo. La alcanc\u00e9 justo en esta puerta y aqu\u00ed nos refugiamos las dos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00bfQue os refugiasteis? Pero&#8230; \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; No s\u00e9, J.L. No tengo ni idea de lo que le pas\u00f3 all\u00ed dentro. Cuando sali\u00f3 solo alcanc\u00e9 a ver que la pared del fondo estaba negra&#8230; y yo s\u00e9 que esa pared no estaba as\u00ed, que yo misma hab\u00eda estado en ese ba\u00f1o una hora antes. Es todo muy raro&#8230; V\u00e1monos ya, que esto no es normal&#8230;<\/p>\n<p>Y tanto que no lo era, no se lo iba a discutir. Hab\u00eda mucha tensi\u00f3n acumulada ya. L.C. mir\u00f3 a D.D., sentado en el suelo junto a la puerta. Meneaba la cabeza cansinamente de adelante atr\u00e1s, y continuaba murmurando.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Y a este, \u00bfqu\u00e9 le pasa?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; No s\u00e9 tampoco, nos lo hemos encontrado as\u00ed&#8230; Tiene mala pinta&#8230;<\/p>\n<p>Para ella, la mala pinta significaba barro por todo el cuerpo, la camisa rajada y toda la ropa empapada. No se hab\u00eda acercado todav\u00eda a nuestro amigo y no le hab\u00eda visto el rostro. No quise echar m\u00e1s le\u00f1a al fuego y opt\u00e9 por cambiar de tema a la b\u00fasqueda de una tranquilidad que me parec\u00eda imprescindible para mantener la cabeza en su sitio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Bueno, ya recogeremos esto ma\u00f1ana. L.L. vendr\u00e1 en un momento y podremos largarnos en cuanto la Polic\u00eda nos abra.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Por fin&#8230;<\/p>\n<p>L.C. temblaba por los nervios. Yo tambi\u00e9n, aunque menos por los nervios que por mi ropa chorreando. Ten\u00eda tanto fr\u00edo que mis temblores parec\u00edan los espasmos de un epil\u00e9ptico. Los minutos pasaban, uno tras otro. La conversaci\u00f3n hab\u00eda muerto. En la biblioteca solo se o\u00eda la voz queda de D.D., cada vez m\u00e1s apagada, y la m\u00fasica siniestra que el ordenador segu\u00eda reproduciendo en bucle y que no tuve \u00e1nimo de levantarme a apagar.<\/p>\n<p>Fuera, la fuerza de los elementos atronaba por el pasillo y agitaba nuestra puerta. Record\u00e9 una sensaci\u00f3n reciente, cuando los embates del viento y del agua hac\u00edan crujir las puertas de cristal del claustro y estuve pensando en un Profundo que intentaba invadirlo. Fue un <em>d\u00e9j\u00e0 vu<\/em> extra\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00bfSe puede saber qu\u00e9 pasa ah\u00ed fuera&#8230;?<\/p>\n<p>Agarr\u00e9 la mano de L.C. en cuanto not\u00e9 su intenci\u00f3n de levantarse a investigar, y tir\u00e9 de ella. No insisti\u00f3.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; S\u00ed, bueno&#8230; L.L. estar\u00e1 al llegar, da igual, esperamos&#8230;<\/p>\n<p>Pero L.L. no llegaba. Veinte minutos hab\u00eda consumido, al menos, para ir al lado opuesto del claustro y hacer una llamada. Ni siquiera si se hubiera quedado a esperar a los agentes habr\u00eda tardado tanto.<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a preocuparme de verdad. Esto ya lo hab\u00edamos vivido hac\u00eda muy poco, cuando D.D. desapareci\u00f3. L.C. deb\u00eda estar pensando lo mismo, pues no paraba de mirar la hora en el m\u00f3vil. Al final se hizo obligado hablarlo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00bfD\u00f3nde se habr\u00e1 metido este? \u00bfEstar\u00e1n fabricando la llave para abrir?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Ni idea, pero habr\u00e1 que acercarse a ver, me parece&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00a1S\u00ed, hombre! Esto es como en las pelis de miedo, que en cuanto se separan empiezan a desaparecer todos&#8230; Yo no voy, prefiero esperar aqu\u00ed antes que salir sola por ah\u00ed&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Podemos ir los dos&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; \u00bfY estos, qu\u00e9? \u00bfLos dejamos aqu\u00ed, as\u00ed? Ella se ha dormido con un ataque de nervios, a saber c\u00f3mo se despertar\u00e1; y \u00e9l&#8230; \u00bfse puede saber qu\u00e9 le pasa? Parece atontado&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; Ha debido darse un golpe. Lo llevaremos al m\u00e9dico, ser\u00e1 lo mejor. Me parece que me voy a acercar yo, no sea que L.L. tambi\u00e9n se haya accidentado y est\u00e9 tirado por ah\u00ed. T\u00fa vigila a estos dos y guarda el castillo.<\/p>\n<p>Me arrepent\u00ed de haberme hecho el valiente en cuanto puse la mano en el pomo y mir\u00e9 a mi izquierda, donde yac\u00eda D.D. con su cabeza oscilante. Distingu\u00ed perfectamente la nueva apariencia de su rostro, uno distinto, extra\u00f1o, informe, inquietante. Parec\u00eda que le hubieran inyectado aire dentro y se hubiera expandido hasta eliminar todas las arrugas, los pliegues y las irregularidades propias de una expresi\u00f3n humana. Era como la superficie de un globo sobre el que hubieran nacido pelos y luego alguien hubiera pintarrajeado unos rasgos toscos, infantiles, demasiado grandes para una persona normal. Y a\u00fan as\u00ed, ten\u00eda la certeza de que era \u00e9l, solo que una versi\u00f3n monstruosa del D.D. que era hac\u00eda poco m\u00e1s de una hora.<\/p>\n<p>Me volv\u00ed: L.C. segu\u00eda sentada en el suelo, no ven\u00eda a curiosear. Confi\u00e9 est\u00fapidamente en que no se acercar\u00eda por su cuenta a nuestro compa\u00f1ero y me fui sin advertirla, incapaz de decidir qu\u00e9 conven\u00eda hacer. Mis pensamientos se estaban espesando, lo que me pareci\u00f3 preocupante.<\/p>\n<p>Sal\u00ed y cerr\u00e9 tras de m\u00ed. Dej\u00e9 la relativa seguridad de la biblioteca y volv\u00ed al temporal, a la luz indecisa, a la semioscuridad y, lo peor, a la soledad. Camin\u00e9 con determinaci\u00f3n en direcci\u00f3n a la puerta principal, en la oficina de turismo, al otro lado del claustro. La luz autom\u00e1tica me segu\u00eda en algunos tramos; en otros se apagaba, o las bombillas estaban fundidas, y entonces me sum\u00eda en la oscuridad rodeado por el tronar del aguacero sobre los cristales. El vest\u00edbulo que daba a la puerta de salida estaba tan oscuro como vac\u00edo: L.L. no estaba ah\u00ed. Al fondo de ese \u00faltimo tramo de pasillo una \u00faltima puerta daba a la capilla. Una fina l\u00ednea de penumbra destacaba como una luminaria entre todo el negro de alrededor: hab\u00eda algo de luz en el interior. Solo pod\u00eda ser L.L., que se habr\u00eda adentrado a la b\u00fasqueda de una brizna de cobertura.<\/p>\n<p>Con todo, la situaci\u00f3n me estaba superando. Llevaba ah\u00ed demasiado tiempo, y no se o\u00eda nada dentro de la estancia. Me asom\u00e9 con lentitud, temiendo no sab\u00eda qu\u00e9, y vi la d\u00e9bil fuente de luz que hab\u00eda atisbado desde el pasillo: un m\u00f3vil, encendido, boca arriba en el suelo. Se me eriz\u00f3 el vello. No dud\u00e9 ni un segundo en que el aparato era el de L.L. a pesar de que a \u00e9l mismo no se le ve\u00eda en la exigua zona iluminada por mi pantalla ni se le o\u00eda m\u00e1s all\u00e1. \u00bfQu\u00e9 clase de sucesos eran estos? \u00bfSer\u00eda cierta la leyenda del convento? \u00bfSer\u00eda una broma pesada? Mi cabeza no estaba fr\u00eda. Toda clase de ideas extravagantes pugnaban por invadir mis pensamientos y tuve que esforzarme de forma consciente por no caer en ese pozo. No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo me llev\u00f3 esa lucha interna, pudo ser un instante o varios minutos. La indecisi\u00f3n se hab\u00eda hecho conmigo: no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, ni a d\u00f3nde ir.<\/p>\n<p>Un nuevo suceso, tan inesperado como aterrador, me hizo segregar tanta adrenalina que casi se me colaps\u00f3 el coraz\u00f3n. O\u00ed un fuerte estruendo, como si un rayo hubiese descargado dentro de la propia capilla, y la puerta se cerr\u00f3 con violencia. Salt\u00e9 por puro reflejo y agarr\u00e9 el pomo y tir\u00e9 de \u00e9l con no menos fuerza. El miedo me hab\u00eda vencido y la desesperaci\u00f3n guiaba mis acciones. Not\u00e9 un viento huracanado que se arremolinaba a mi alrededor y empujaba la puerta que yo intentaba abrir.<\/p>\n<p>Aquello era imposible, estaba dentro de la capilla, no en medio de un solar. Mis esfuerzos lograron vencer la resistencia de la puerta y de lo que quiera que se empe\u00f1aba en mantenerla cerrada y a m\u00ed atrapado. Abr\u00ed una rendija y logr\u00e9 meter el cuerpo justo cuando una mano h\u00fameda y de consistencia babosa se aferr\u00f3 a la m\u00eda: era el mismo tacto que hab\u00eda sentido al tocar la de D.D. arriba, por el hueco de la pared. El p\u00e1nico me dio el impulso definito y corr\u00ed sin mirar atr\u00e1s. El coraz\u00f3n se me sal\u00eda del pecho; las luces del techo no lograban seguir mi carrera, pero ve\u00eda lo suficiente para llegar a la biblioteca, al refugio.<\/p>\n<p>A pocos metros de la puerta que supon\u00eda la salvaci\u00f3n en mi mente definitivamente alterada, volv\u00ed a o\u00edr de nuevo un estruendo id\u00e9ntico al de la capilla, ahora en alg\u00fan lugar del claustro, a mis espaldas; y, simult\u00e1neamente, un grito de terror, pura histeria, al fondo, en el ba\u00f1o. Era una locura. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda una noche de ocio haber acabado as\u00ed? El terror me segu\u00eda dominando. En lugar de pensar, hab\u00eda dejado que mis instintos controlaran mi cuerpo.<\/p>\n<p>Ignor\u00e9 el grito y entr\u00e9 en la biblioteca. Alguien hab\u00eda apagado las bombillas y solo la pobre luz de la pantalla del ordenador alumbraba ahora la zona de la entrada. Mir\u00e9 con el rabillo del ojo a la derecha, donde el bulto que hab\u00eda dejado al marcharme segu\u00eda all\u00ed, solo que era mayor que antes. Distingu\u00ed vagamente la figura de B.S., o parte de ella, junto a la de D.D., esta completamente deformada y solo reconocible por la ropa destrozada que todav\u00eda lo cubr\u00eda en parte. Tuve una sensaci\u00f3n de viscosidad y o\u00ed una especie de succi\u00f3n y un gorgoteo que me record\u00f3 la letan\u00eda que hab\u00eda o\u00eddo recitar decenas de veces en la \u00faltima hora. Fue una imagen fugaz, pero suficiente para que el horror me atenazara un instante. Dej\u00e9 de respirar; el coraz\u00f3n amenazaba con explotarme dentro del pecho; mi vello parec\u00edan p\u00faas clavadas en mis brazos y en mi nuca. Sal\u00ed despavorido, neg\u00e1ndome a mirar abiertamente a la izquierda, al tramo de pasillo por el que hab\u00eda llegado, y hu\u00ed en direcci\u00f3n al ba\u00f1o y a los gritos de L.C., porque no pod\u00edan ser de nadie m\u00e1s.<\/p>\n<p>La luz del pasillo se encendi\u00f3 a tiempo y pude ver, en lo alto, el agujero siniestro que tanta inquietud me hab\u00eda procurado antes. El mismo\u00a0 que ahora me resultaba terror\u00edfico, porque de ah\u00ed dentro proven\u00edan los alaridos hist\u00e9ricos de una persona llevada al paroxismo por Dios sabe qu\u00e9 cosa.<\/p>\n<p>Ah\u00ed terminaba mi huida. No hab\u00eda m\u00e1s pasillo, solo el ba\u00f1o de hombres y el de mujeres, y una puerta m\u00e1s, al fondo, supuestamente cerrada. Prob\u00e9 en esa, siempre sin mirar atr\u00e1s, donde el estruendo se repiti\u00f3 otra vez y un roce y un chapoteo estuvieron a punto de paralizarme definitivamente. Por fortuna, yo era en ese momento un animal, un manojo de instintos primordiales cuyo objetivo era conservarme con vida: la inteligencia ya no era mi mejor recurso, solo me val\u00eda correr, huir, escapar lejos de ese sitio y de lo que fuera que estaba provoc\u00e1ndolo todo.<\/p>\n<p>La puerta se abri\u00f3 a una escalera id\u00e9ntica a la otra, diagonalmente opuesta, que hab\u00eda recorrido con L.L. para acceder a la segunda planta. En un rinc\u00f3n lejano de mi consciencia algo me record\u00f3 que arriba hab\u00eda otra puerta cerrada en apariencia, al final del pasillo, junto a la sala en que hab\u00edamos encontrado a D.D. Sub\u00ed los escalones a saltos y llegu\u00e9 all\u00ed, pero este acceso s\u00ed estaba cerrado: no pod\u00eda escapar al pasillo de la planta superior, que, a juzgar por el estr\u00e9pito que se o\u00eda, segu\u00eda batido por el tremendo aguacero y el cicl\u00f3n que casi acaba con los tres.<\/p>\n<p>Segu\u00ed subiendo otro tramo de escalera m\u00e1s y llegu\u00e9 al final. Otra puerta, cerrada como la anterior, me imped\u00eda el paso. No ten\u00eda cerradura, solo un candado sujeto a una cadena. Empuj\u00e9 y cedi\u00f3 unos cent\u00edmetros y, a trav\u00e9s de la abertura, pude comprobar con horror que en la azotea, tan destartalada como las vertientes de los tejados que la rodeaban, no ca\u00eda ni una gota de lluvia, el aire no se mov\u00eda y la luna luc\u00eda espl\u00e9ndida e iluminaba la escena casi como si fuera de d\u00eda.<\/p>\n<p>Todos los sonidos desaparecieron de golpe y me encontr\u00e9 solo, a oscuras y en un silencio repentino tras una puerta que no me permit\u00eda seguir huyendo. Un roce y un gorgoteo en el agujero negro al que daba la escalera fue mi \u00faltimo recuerdo antes de la contemplaci\u00f3n de unas protuberancias viscosas a modo de dedos que asomaban reptando por el borde del \u00faltimo escal\u00f3n y cuyo tacto ya me era conocido. La extra\u00f1a extremidad surg\u00eda paulatinamente desde la negrura. Se mov\u00eda con una lentitud insoportable, tanta que tuve tiempo de volverme loco antes de caer en la verdadera pesadilla.<\/p>\n<hr \/>\n<p>La percepci\u00f3n del transcurso del tiempo no forma ya parte de m\u00ed. Solo conozco la noche; el d\u00eda es un fogonazo que me ciega desde el amanecer hasta el ocaso. Solo vivo en la oscuridad y solo en ella consigo progresar.<\/p>\n<p>Intuyo que han transcurrido d\u00e9cadas. Ya he aprendido a materializarme parcialmente; soy capaz de generar un susurro leve y de escribir con mucho esfuerzo una o dos palabras a lo largo de toda una noche en estas hojas de papel que apenas puedo mover.<\/p>\n<p>El edificio sigue en pie, tal como lo recuerdo, y en \u00e9l sufro el martirio de mi compa\u00f1ero, el otro, aquel por quien fui escogido para ser su sustituto alg\u00fan d\u00eda. Es s\u00e1dico, retorcido y cruel. Hace mucho que aprendi\u00f3 a producir m\u00fasica y a proyectar su imagen transl\u00facida sobre un fondo oscuro, y otras muchas artima\u00f1as. Con los a\u00f1os ha llegado a dominar este entorno y ha vertido en \u00e9l todo su odio por los vivos, ese mismo que siento crecer en m\u00ed conforme se acerca el d\u00eda en que \u00e9l se marchar\u00e1 por fin y yo quedar\u00e9 solo.<\/p>\n<p>Mis amigos fueron sus primeras v\u00edctimas mortales; luego hubo m\u00e1s y, finalmente, la gente dej\u00f3 de venir y ahora el lugar est\u00e1 abandonado. Escribo mi historia con paciencia infinita, a raz\u00f3n de dos palabras por noche, pues el tiempo no me limita, solo mi nueva naturaleza espectral. Como habitante casi inmaterial de este horrible convento, deambulo como alma en pena por los corredores, las escaleras, el claustro y el patio, soportando continuamente el peso de un terror omnipresente que me tortura con sadismo noche tras noche.<\/p>\n<p>Mientras, espero el d\u00eda, demasiado lejano, en que las personas olvidar\u00e1n los sucesos acontecidos aqu\u00ed y volver\u00e1n a recorrer el edificio. Para ese momento ya estar\u00e9 preparado para matar con el simple miedo, y solo entonces se marchar\u00e1 el ente maldito y yo ocupar\u00e9 su lugar. Y despu\u00e9s tendr\u00e9 que buscar entre mis propias v\u00edctimas, aterrorizadas hasta la muerte, a quien pueda sucederme a m\u00ed, para as\u00ed poder abandonar yo mismo este agujero negro ajeno al tiempo en que me encuentro atrapado desde que tengo memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una noche de juegos\u00a0en un lugar con demasiada mala fama Noche de lluvia en el convento San Juan de Dios por J.L. Belloq La noche no era demasiado fr\u00eda. El aguacero la hab\u00eda convertido simplemente en desagradable. Sin embargo, a pesar de llevar las chaquetas pingando, en el fondo agradec\u00edamos \u2026 <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2019\/12\/noche-de-lluvia-en-el-convento-san-juan-de-dios-relato\/\"> seguir leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr; <\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-743","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/743","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=743"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/743\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":747,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/743\/revisions\/747"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=743"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=743"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=743"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}