{"id":618,"date":"2018-11-02T18:51:51","date_gmt":"2018-11-02T17:51:51","guid":{"rendered":"http:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=618"},"modified":"2019-08-24T10:54:02","modified_gmt":"2019-08-24T08:54:02","slug":"7o-relato-fuera-de-concurso-noche-de-difuntos-2018","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2018\/11\/7o-relato-fuera-de-concurso-noche-de-difuntos-2018\/","title":{"rendered":"7\u00ba relato (de 9) -fuera de concurso, Noche de Difuntos 2018-"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00daLTIMOS ARTILUGIOS DE FLEMMEL MCDAVISH<\/strong><br \/>\n<em>Sutter Cane<\/em><\/p>\n<p>A d\u00eda de hoy, la flem\u00e1tica poblaci\u00f3n de la gigantesca Londres se divide en dos grupos bien diferenciados, estudiosos cient\u00edficos amantes de la ciencia y la ingenier\u00eda, y salvajes sedientos de sangre. Flemmel Mcdavish, Ingeniero Londinense, estaba en el\u00a0primer grupo. Flemmel, afamado cient\u00edfico, que disfrutaba de cierto renombre gracias sus modernos experimentos de \u201c<em>Integraci\u00f3n de la corriente cat\u00f3dica en intervalos para la activaci\u00f3n de la catarsis cardiaca\u201d<\/em>, era de una personalidad fr\u00eda y calculadora hasta el extremo. <!--more-->En la universidad nadie quer\u00eda estudiar con \u00e9l. Aparte de sus incre\u00edbles avances en la mec\u00e1nica y la medicina aplicada, innumerables y peque\u00f1os artefactos e inventos, sus crueles observaciones para con los alumnos eran conocidas entre sus colegas. Sus dotes para la ciencia le hab\u00edan abandonado al \u201cmal del cient\u00edfico\u201d: carencia absoluta de empat\u00eda por el pr\u00f3jimo. Hasta tal punto que una vez fue juzgado por ello ante un tribunal. Cierta vez hab\u00eda dise\u00f1ado una trampa el\u00e9ctrica para ladrones, de una efectividad demoniaca. Un pobre ladronzuelo al que se le ocurri\u00f3 entrar, un joven de la calle cuyo est\u00f3mago probablemente rug\u00eda por las inmediaciones de Rummel St., qued\u00f3 literalmente abrasado por la vor\u00e1gine de voltios que atravesaron su cuerpo. El espantoso olor a carne quemada alert\u00f3 a todo el barrio. Dado el gran reconocimiento de Flummel\u00a0 en vida, la cosa qued\u00f3 en una aseveraci\u00f3n ante el tribunal.<\/p>\n<p>Entre aquellos dos grupos se encontraba un ser humano que un\u00eda ambos mundos como un puente. Nicol\u00e1s\u00a0 Borlag caminaba silencioso por el sendero mortecino, ba\u00f1ado por la p\u00e1lida luz de la luna llena, b\u00e1sico para realizar toda clase de tropel\u00edas nocturnas sin abusar de la luz de las velas.\u00a0 El p\u00e1lido manto blanco que extiende el disco lunar es capaz de otorgar una visi\u00f3n excelente cuando est\u00e1 en su plenitud.<\/p>\n<p>El encargo de esta noche estaba en la media de los servicios que le solicitaba el colectivo de doctores. Un cad\u00e1ver fresco, en buen estado y con el m\u00ednimo deterioro posible.<\/p>\n<p>Atendiendo a la demanda y puesto que la muerte letal por infarto se hab\u00eda producido recientemente (en la Calle Rosburg n\u00famero nueve, mediante la cual, el se\u00f1or Flemmel McDavish, hab\u00eda pasado a mejor vida), era conveniente pasar a la acci\u00f3n y realizar el trabajo r\u00e1pidamente puesto que de nuevo el hambre llamaba a su puerta y los encargos hab\u00edan bajado su n\u00famero en demas\u00eda. Quiz\u00e1 fueran los avances en medicina, o la incipiente reducci\u00f3n de la delincuencia.<\/p>\n<p>En esto pensaba Borlag mientras serpenteaba entre los l\u00e1nguidos senderos, infestados de turbias enredaderas terreras, que salpicaban el camino formando t\u00famulos nudosos y tejidos con las ra\u00edces de los \u00e1rboles, api\u00f1\u00e1ndose contra las l\u00e1pidas. Estas se iban volcando como deprimidas por el peso inexorable del tiempo.<\/p>\n<p>Silencioso, avanzaba cruzando las oscuras tinieblas de los \u00e1rboles y panteones que arrojaban sombras alargadas, dando a las colinas del camposanto el aspecto jaspeado de la piel de un tigre gris y negro, si sobrevol\u00e1ramos por encima de sus p\u00e1ramos, como un cuervo que lo cruza volando para posarse en la torre del campanario.<\/p>\n<p>A veces se enganchaba en las cruces de hierro oxidado y ro\u00eddo por la t\u00farbida humedad del suelo del cementerio, que en la noche fr\u00eda humea vaporoso, por el calor emanado desde el suelo. Debido a las innumerables reacciones bacterianas producidas por los cad\u00e1veres en descomposici\u00f3n en sus ata\u00fades de madera org\u00e1nica.<\/p>\n<p>Pero no era aquella la zona que le interesaba. Su atenci\u00f3n se centraba en la infame y enorme cripta oscura de West Norwood. Una tumba subterr\u00e1nea con modernos mecanismos de ingenier\u00eda financiada por las familias m\u00e1s ricas de Londres y a prueba de la ola de robos de cad\u00e1veres que arras\u00f3 en a\u00f1os pasados los cementerios. Un negocio bien pagado aunque en declive y del cual era heredero Nicol\u00e1s Borlag.\u00a0 La esperanza de vida de un londinense no llegaba a los treinta y cinco a\u00f1os. Era un buen \u201cnicho\u201d de material fresco para los imp\u00edos cient\u00edficos.<\/p>\n<p>El cementerio de Norwood es un lugar muy exclusivo si uno era un cad\u00e1ver. Para evitar la profanaci\u00f3n la noche posterior tras ser inhumado, la tumba bajo la capilla estaba equipada por un catafalco hidr\u00e1ulico, para bajar a los difuntos al mundo de los muertos. All\u00ed eran metidos en unas tumbas, apiladas en forma de panal, llamadas Loculi, cerradas tras una reja de metal, y metidas en un ata\u00fad reforzado por el lado de la cabeza, ya que los ladrones acababan antes abri\u00e9ndolo por ah\u00ed y extrayendo el cuerpo r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>Tras el silencioso asalto a una de las puertas peque\u00f1as y medio escondidas que daban acceso a la necr\u00f3polis, fue el momento de encender la l\u00e1mpara de aceite y adentrarse entre las moh\u00ednas tumbas del cementerio. Novecientos setenta y dos cad\u00e1veres. Muertos por todas partes. Camin\u00f3 entre cientos de apiladas tumbas iluminadas por la tenue luz de la llama, que hac\u00eda y deshac\u00eda r\u00e1pidamente espectrales sombras en las paredes. Las h\u00famedas catacumbas irradiaban un f\u00e9tido olor a a\u00f1ejo, mezclado con la ra\u00edda superficie de las rejas corro\u00eddas por el \u00f3xido que carcom\u00eda el metal formando bulbosas pompas de hierro deshecho. En el suelo se entremezclaban el polvo, las astillas, y los trozos de madera rotos y podridos, junto con alg\u00fan fragmento de hueso, probablemente de macabros hurtos anteriores.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 a la zona m\u00e1s reciente, cruzando por entre las criptas de las familias m\u00e1s adineradas. El tiempo y el moho no obedec\u00edan a las leyes de los vivos, pudriendo y deshaciendo bajo la humedad salitrosa los ata\u00fades por muy adornados que fueran, y por muy nobles que fueran los materiales utilizados. En las m\u00e1s antiguas criptas todo era una p\u00fatrida amalgama corrupta.<\/p>\n<p>Se aproxim\u00f3 a las tumbas recientes que buscaba, mientras se pon\u00eda un pa\u00f1uelo empapado de perfume a la boca. Algunos ata\u00fades estaban frescos. Desprend\u00edan un malsano vapor producido por bullir de las bacterias devorando la carne. El hedor de las miasmas invad\u00eda la mente del Burlog, nublando su mente. Hasta que por fin en la oscuridad una placa met\u00e1lica refulgi\u00f3 devolviendo la amarillenta luz a los ojos del ladr\u00f3n de tumbas, donde pod\u00eda leerse Flemmel Mcdavish.<\/p>\n<p>R\u00e1pido y certero Nicol\u00e1s abri\u00f3 h\u00e1bilmente el candado de la reja, se desliz\u00f3 al interior del f\u00e9tido cub\u00edculo e inmediatamente empez\u00f3 a aplicar una fuerte palanca sobre el cabezal del ata\u00fad. No tard\u00f3 mucho en o\u00edr como cruj\u00eda la madera cercana al lado de la cabeza. Aturdido y al borde de la asfixia, escucho aquel crujido como algo esperanzador. Pues tan solo pensaba en salir de all\u00ed lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible con su presa. No obstante, fue otro sonido el que le lleno de espanto: el inequ\u00edvoco sonido met\u00e1lico de alg\u00fan mecanismo despiadado, cuya vibraci\u00f3n not\u00f3 como un p\u00e1lpito en los dedos, atravesando el suelo y subiendo por la pared. En el silencio sepulcral y cubierto por la luz ambarina de la llama, entre el espantoso hedor de los innumerables cad\u00e1veres apilados bajo tierra, la puerta de reja volvi\u00f3 a cerrarse contra la piedra ro\u00edda con una fuerza y una precisi\u00f3n despiadada.<\/p>\n<p>Flemmel McDavish hab\u00eda fabricado un \u00faltimo artilugio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00daLTIMOS ARTILUGIOS DE FLEMMEL MCDAVISH Sutter Cane A d\u00eda de hoy, la flem\u00e1tica poblaci\u00f3n de la gigantesca Londres se divide en dos grupos bien diferenciados, estudiosos cient\u00edficos amantes de la ciencia y la ingenier\u00eda, y salvajes sedientos de sangre. Flemmel Mcdavish, Ingeniero Londinense, estaba en el\u00a0primer grupo. 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