{"id":255,"date":"2015-04-15T23:30:02","date_gmt":"2015-04-15T21:30:02","guid":{"rendered":"http:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=255"},"modified":"2015-04-15T23:49:59","modified_gmt":"2015-04-15T21:49:59","slug":"la-capilla-relato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2015\/04\/la-capilla-relato\/","title":{"rendered":"La capilla (relato)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>No s\u00f3lo Dios habita en las plegarias del creyente (JLBelloq, C\u00edrculo del Lud\u00f3fago)<\/em><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><strong><a href=\"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-340 alignleft\" src=\"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary.jpg\" alt=\"17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary\" width=\"113\" height=\"168\" srcset=\"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary.jpg 113w, https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/17667998-desaturated-image-of-a-young-novice-nun-praying-a-rosary-101x150.jpg 101w\" sizes=\"auto, (max-width: 113px) 100vw, 113px\" \/><\/a> La capilla<\/strong><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>por JLBelloq<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La estancia, fr\u00eda y vac\u00eda, se ilumin\u00f3 fugazmente por la rendija de la puerta. La religiosa se col\u00f3 por ella, mir\u00f3 la figura de la Virgen a su derecha, se persign\u00f3, musit\u00f3 unas palabras y luego cerr\u00f3 y la penumbra volvi\u00f3 a oscurecer la capilla. Unas pocas velas, al fondo, sobre el altar, le permit\u00edan caminar con cierta seguridad por el pasillo, entre los bancos de madera. En aquella suerte de catacumba, el mero roce de sus alpargatas sobre el suelo de baldosas s\u00f3lo era igualado en sonoridad por\u00a0la agitaci\u00f3n\u00a0de las telas de su propia ropa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer avanz\u00f3 con languidez hasta el primer banco, donde dej\u00f3 su Biblia y se arrodill\u00f3 sobre el reclinatorio. Su mirada apuntaba arriba, al Cristo de madera clavado al crucifijo, con los ojos cerrados, las l\u00e1grimas detenidas por el escultor en mitad de las mejillas, y una expresi\u00f3n ya familiar de sufrimiento interminable. La luz de los cirios, a sus pies, resaltaba los contornos y creaba sombras duras en contrapicado, dot\u00e1ndolo de un aire extra\u00f1o, como de aparici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more-->El silencio era de nuevo due\u00f1o de aquel espacio. La monja, juntas las manos, rezaba con la devoci\u00f3n debida a la estatua ensangrentada del supuesto salvador de su alma. Su cuerpo menudo proyectaba una sombra larga y difusa a su espalda. La oscuridad era la otra due\u00f1a de aquel lugar. Silencio y oscuridad eran lo que la llevaba all\u00ed a orar en soledad, lejos de compa\u00f1\u00edas que la distra\u00edan y la induc\u00edan a relajar su disciplina diaria de comunicaci\u00f3n con Dios. All\u00ed estaba realmente sola, en cuerpo, que no en esp\u00edritu, pues era aqu\u00e9l el \u00fanico lugar del mundo en que percib\u00eda otra presencia, la que escuchaba sus plegarias y prestaba atenci\u00f3n sincera a cuanto ella expresaba en sus pensamientos. Era reconfortante sentirse atendida, tanto que hab\u00eda convertido en h\u00e1bito su visita diaria a la peque\u00f1a capilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oraci\u00f3n de hoy era casi una confesi\u00f3n, la de una persona sinceramente arrepentida de una lista de peque\u00f1as faltas que cualquier otra habr\u00eda pasado por alto sin el menor problema de conciencia. A la religiosa, en cambio, la desasosegaba saberse tan imperfecta y tan pecadora, y habr\u00eda acabado desesperada -\u00bfparanoica?- si no fuera por aquel retiro espiritual secreto. La vehemencia crec\u00eda en su interior y, sin darse cuenta, empez\u00f3 a murmurar. Sus rezos entre dientes romp\u00edan con estr\u00e9pito el profundo silencio, como la tenue luz de las velas lo hac\u00eda con la oscuridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo, sin embargo, la distrajo moment\u00e1neamente. Sin saber por qu\u00e9, interrumpi\u00f3 su oraci\u00f3n y, tras unos segundos de vacilaci\u00f3n, se volvi\u00f3 y mir\u00f3 hacia la puerta: no vio nada m\u00e1s que negrura. La m\u00ednima luz que proyectaban las diminutas llamas desde el altar no alcanzaba a iluminar el fondo de la estancia. All\u00ed estaba la puerta por la que hab\u00eda entrado unos minutos antes; all\u00ed se supon\u00eda que seguir\u00eda, tras el tel\u00f3n negro que cubr\u00eda el final de la capilla y ocultaba por completo las \u00faltimas filas de bancos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miraba sin saber qu\u00e9, y, sin saber tampoco por qu\u00e9, tom\u00f3 su biblia y se forz\u00f3 a mirar hacia adelante y reanudar su rezo. Los murmullos de su propia voz volvieron y sus pensamientos regresaron a la culpa y al castigo autoimpuesto. Concentrada en su tarea olvid\u00f3 otra vez d\u00f3nde estaba. Su mente vagaba por su interior, buscando ese momento m\u00edstico tan anhelado pero tan lejano como vanamente deseado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De nuevo, algo la interrumpi\u00f3. Esta vez lo oy\u00f3. Suave, grave, casi ronca, una voz que no era la suya hab\u00eda susurrado: \u00abNo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfO se lo hab\u00eda imaginado? Volvi\u00f3 la cabeza de nuevo y de nuevo vio la negrura que ocultaba la entrada por la que hab\u00eda accedido a la capilla. Nada se o\u00eda, nada se mov\u00eda, todo estaba como antes, silencioso y quieto. Perdi\u00f3 el hilo de sus pensamientos. Ahora intentaba recordar el momento precedente y decidir si hab\u00eda escuchado algo en realidad o en su imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Definitivamente, hab\u00eda perdido la concentraci\u00f3n: Dios tendr\u00eda que esperar un momento. Sigui\u00f3 mirando all\u00ed, al fondo, sin respirar, esperando a que sus ojos se adaptaran a la ausencia casi total de luz. Ten\u00eda que estar segura de que all\u00ed no hab\u00eda nada m\u00e1s que unos bancos, una puerta y la repisa con la peque\u00f1a Virgen de escayola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La luz de las velas del altar titil\u00f3. Mir\u00f3 hacia las diminutas llamitas: la quietud de la losa de m\u00e1rmol estaba rota, algo remov\u00eda el aire en la estancia de una forma casi imperceptible. Por primera vez en varios meses de visitas a escondidas, la mujer se sinti\u00f3 intranquila entre aquellas paredes. Todo parec\u00eda igual que unos minutos antes y, sin embargo, ella no lo percib\u00eda as\u00ed. Intent\u00f3 serenarse y volver a su intimidad, pero ya no fue posible: la sensaci\u00f3n de soledad la hab\u00eda abandonado aunque no pudiera explicar la causa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La madera de un banco, al fondo, cruji\u00f3. No era un sonido inaudito en aquel lugar, pero hoy todo parec\u00eda distinto de una forma muy dif\u00edcil de determinar. Not\u00f3 un leve dolor en los dedos: ten\u00eda las u\u00f1as clavadas en el apoyo de madera del banco y en las pastas de su biblia, y apretaba con demasiada fuerza. Se forz\u00f3 a relajar las manos, sujet\u00f3 el libro contra el pecho y dio por terminadas sus oraciones. Abandon\u00f3 el reclinatorio, clav\u00f3 la rodilla en el suelo del pasillo y se despidi\u00f3 del Cristo crucificado con el signo de la cruz. Murmur\u00f3 el preceptivo \u00abam\u00e9n\u00bb y entonces lo oy\u00f3 de nuevo, m\u00e1s claro, m\u00e1s alto: \u00abNo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta vez estaba segura, alguien que no era ella hab\u00eda hablado en esa estancia. Se puso en pie y se volvi\u00f3 una vez m\u00e1s. Frente al inescrutable fondo de la capilla, con el Cristo protector a su espalda, mir\u00f3 all\u00ed, entornando los ojos, ahora con la convicci\u00f3n de que no estaba sola. Permaneci\u00f3 inm\u00f3vil durante unos minutos, paralizada, incapaz de moverse por miedo a no sab\u00eda qu\u00e9. Respiraba con fuerza, y parad\u00f3jicamente esperaba con ansia algo, lo que fuera: un ruido, un atisbo de movimiento, cualquier cosa que la convenciera de que su temor era real, que no alucinaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retrocedi\u00f3 lentamente hasta que su espalda top\u00f3 con el altar. Tante\u00f3 sin dejar de vigilar la oscuridad y tom\u00f3 uno de los cirios. La cera caliente se derram\u00f3 sobre el dorso de su mano y la hizo gemir. La luz le devolvi\u00f3 la seguridad y, con la vela ante s\u00ed, a modo de escudo, avanz\u00f3 por el pasillo con lentitud, temerosa por lo que pudiera descubrir en aquella parte de la estancia a\u00fan oculta a su mirada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las sombras tenues se mov\u00edan ahora hacia los lados a medida que avanzaba entre las filas de asientos, y la oscuridad retroced\u00eda en direcci\u00f3n a la puerta. Por fin vio el \u00faltimo banco y distingui\u00f3 con claridad la silueta de la puerta dibujada en la pared. Unos metros m\u00e1s y escapar\u00eda al pasillo iluminado y podr\u00eda olvidar la sensaci\u00f3n de agobio de esa noche siniestra en su retiro espiritual. Cuando ya alargaba la mano hacia el pomo, intuy\u00f3 que algo no estaba bien. Se le eriz\u00f3 el vello, su cuerpo entero se detuvo en mitad del movimiento y vio, con el rabillo del ojo, la repisa vac\u00eda y la imagen que yac\u00eda, partida en dos, en el rinc\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La adrenalina funcion\u00f3 con eficiencia y la monja se abalanz\u00f3 hacia la puerta. Gir\u00f3 y tir\u00f3 compulsivamente del pomo, pero no se abri\u00f3. Lo intent\u00f3 con m\u00e1s fuerza, con desesperaci\u00f3n, pero fue in\u00fatil: la cerradura no ced\u00eda, la llave estaba echada. Segu\u00eda sin saber qu\u00e9 era lo que tem\u00eda, ni c\u00f3mo un momento de oraci\u00f3n hab\u00eda acabado as\u00ed. Jadeaba, su coraz\u00f3n resonaba en toda la sala. Intent\u00f3 refugiarse en la esfera de luz de la vela, pero incluso en su estado sab\u00eda que eso no iba a protegerla de nada. Ahora pod\u00eda ver el altar al fondo. El terror hizo presa de ella definitivamente cuando, al mirar al Cristo crucificado, \u00e9ste le devolvi\u00f3 la mirada desde unos ojos inm\u00f3viles, tallados en madera, pero abiertos de par en par, con las pupilas pintadas enfocadas en su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquello no pod\u00eda estar pasando, era imposible, Dios no pod\u00eda permitir una aberraci\u00f3n as\u00ed. Los ojos segu\u00edan fijos sobre su figura y el miedo la estaba dominando. Temblaban sus manos, temblaba la l\u00fagubre luz del cirio, temblaba todo su cuerpo v\u00edctima del horror que la rodeaba en un lugar tan familiar. Se convirti\u00f3 por unos minutos en otra estatua m\u00e1s, de pie junto a la puerta, hipnotizada por la mirada del Cristo transformado, el horrible objeto de sus plegarias. Cuando la desesperaci\u00f3n se hizo insoportable, una idea repentina trajo luz a su mente y se aferr\u00f3 a ella como si su vida dependiera de su veracidad: un sue\u00f1o, estaba so\u00f1ando, ten\u00eda una pesadilla, eso lo explicaba todo. S\u00f3lo ten\u00eda que tener calma y esperar a despertarse y todo el sufrimiento cesar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dese\u00f3 con fervor que fuera as\u00ed, y rez\u00f3 con verdadera fe, con una intensidad desconocida, por la salvaci\u00f3n de su alma y el fin de ese sue\u00f1o maldito. Se esforz\u00f3 como nunca, cerr\u00f3 los ojos y concentr\u00f3 todos sus pensamientos en la tarea e hizo de la Biblia apretada contra el pecho su escudo espiritual. Rez\u00f3, suplic\u00f3 y rog\u00f3 a Dios que terminara con todo, que volvieran la paz y la alegr\u00eda de su conversaci\u00f3n en la intimidad del recinto sagrado. Su pecho y su coraz\u00f3n recuperaron su ritmo, la agitaci\u00f3n fue desapareciendo, la inquietud se diluy\u00f3 poco a poco en un ba\u00f1o de confianza en el dios que tanto amaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo volvi\u00f3 a su cauce. El silencio era completo, la calma interior tambi\u00e9n. Sigui\u00f3 as\u00ed un minuto m\u00e1s, con los ojos cerrados, ciega por decisi\u00f3n propia, las l\u00e1grimas rodando por las mejillas. Era un sue\u00f1o&#8230; o una prueba. A lo mejor Dios quer\u00eda probar la fuerza de sus convicciones, la profundidad de su fe. Al fin, sosegada, se forz\u00f3 a abrir los ojos, segura de haber despertado o haber superado la prueba o ambas cosas. Y all\u00ed estaba \u00c9l, a un palmo de su cara, mir\u00e1ndola fijamente con sus pupilas pintadas y exclamando un ronco pero inequ\u00edvoco \u00abNo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni la fe m\u00e1s inconmovible ni la veneraci\u00f3n m\u00e1s encendida podr\u00edan haber evitado el desenlace fatal. S\u00f3lo la locura pod\u00eda, y en ella encontr\u00f3 la monja su salida. Convirti\u00f3 la demencia en su refugio contra todos los males, se escondi\u00f3 en su propia mente, donde nadie, s\u00f3lo Jes\u00fas, s\u00f3lo Dios, podr\u00eda encontrarla. Era su nueva capilla, donde siempre era de d\u00eda y no hab\u00eda puertas, donde no hab\u00eda bancos, ni paredes, ni repisas, ni altares. Un millar de innecesarias velas encendidas la rodeaban por todas partes y, en lo alto, el Cristo de madera lo dominaba todo con su rostro ben\u00e9volo cubierto de l\u00e1grimas de sangre rezumada de las cuencas vac\u00edas de sus ojos.\u2663<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00f3lo Dios habita en las plegarias del creyente (JLBelloq, C\u00edrculo del Lud\u00f3fago) La capilla por JLBelloq La estancia, fr\u00eda y vac\u00eda, se ilumin\u00f3 fugazmente por la rendija de la puerta. 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