{"id":1230,"date":"2026-11-03T00:30:00","date_gmt":"2026-11-02T23:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=1230"},"modified":"2026-11-03T01:32:30","modified_gmt":"2026-11-03T00:32:30","slug":"7o-relato-fuera-de-concurso-noche-de-difuntos-2026","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2026\/11\/7o-relato-fuera-de-concurso-noche-de-difuntos-2026\/","title":{"rendered":"7\u00ba relato [Fuera de concurso] \u00abNoche de Difuntos 2026\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Candela y Soledad<\/strong><br>JLBelloq<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>\u2212Hermana\u2026<\/em><br><em>\u2212Yo no tengo hermana.<\/em><br><em>\u2212\u00bfQui\u00e9n te habla, entonces?<\/em><br><em>\u2212Nadie\u2026 Es un demonio que habita en esta casa<\/em><br><em>y que me martiriza\u2026 Uno al que he de aniquilar<\/em><br><em>aunque me lleve la vida entera.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la tradici\u00f3n de los pueblos espa\u00f1oles rara vez se conserva el relato feliz, por alguna de esas razones que moldearon la forma de ser de un pa\u00eds habitado por la tragedia y bautizado con el don de la iron\u00eda. Quiz\u00e1s por eso abunda m\u00e1s la historia con final gris cubierta de una p\u00e1tina de fatalismo no exento de humor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una de esas aldeas olvidadas al otro lado de montes pedregosos y bosques de encina, Candela y su hermana Soledad, hijas del barbero y la costurera, viv\u00edan su juventud al modo en que lo hacen las mujeres de su edad, de esa \u00e9poca y de esos lugares: como mozas casaderas, ilusionadas con el amor reci\u00e9n descubierto o simplemente atisbado; tan inexpertas y recelosas como inquietas por esos nuevos deseos atravesados de nuevas emociones.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Candela, la mayor, hab\u00eda casado con el secretario del ayuntamiento, hombre que dec\u00edan demasiado mayor para moza tan alborotada. No fue un caso de enamoramiento, sino de conveniencia. La pareja luc\u00eda bien en las calles, en las verbenas y en misa; pero su intimidad estaba aquejada de fr\u00edo; la casa se convirti\u00f3 en poco tiempo en un lugar sombr\u00edo, silencioso, donde el reloj de la pared susurraba los minutos y las horas a un hombre indiferente y a una mujer que ansiaba empujar las manecillas con su dedo, si eso hubiera hecho que el tiempo transcurriera m\u00e1s deprisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Soledad entabl\u00f3 amistad con un joven de otro pueblo, aprendiz de carpintero, que la encandil\u00f3 como lo habr\u00eda hecho cualquier otro con el don de la palabra y una sonrisa franca. Lo quiso, o eso cre\u00eda ella, primeriza en los escarceos amorosos. Se ve\u00edan a escondidas de los padres de la muchacha, que todav\u00eda no ten\u00edan conocimiento y no hab\u00edan aprobado la relaci\u00f3n. Y por eso hubo de ser Candela la que procurara los lugares y momentos de encuentro de la pareja; y por eso la mayor conoci\u00f3 al joven forastero, y, ligera de coraz\u00f3n como era, se enamor\u00f3 al poco; y, envidiosa como era, se las arregl\u00f3 para encandilarlo y lo convirti\u00f3 en amante, y a su hermana en cornuda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No conoc\u00eda los remordimientos. El deseo no satisfecho la perd\u00eda. Era caprichosa, tanto como apasionada. Enloqueci\u00f3 con sus artes amatorias al inocente gal\u00e1n y, en su codicia de amor, le pidi\u00f3 que dejara a su novia, su propia hermana, y la salvara a ella del entierro en vida de su matrimonio. Pero, como \u00e9l fuera tibio en su reacci\u00f3n, ella lo despreci\u00f3 y lo ultraj\u00f3 con insultos sobre su hombr\u00eda. Acudi\u00f3 enfurecida a su marido, le envenen\u00f3 la mente con mentiras, le hizo creer que un hombre m\u00e1s joven la pretend\u00eda en su propia casa, y le puso un arma en las manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Candela hab\u00eda enloquecido, y el fruto de su locura fue la muerte de ambos hombres, uno agonizando en la orilla del r\u00edo, con el cr\u00e1neo hendido por una piedra; el otro, ahogado, pues no sab\u00eda nadar, empujado al agua por su rival en un \u00faltimo esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tragedia trascendi\u00f3 el pueblo y encendi\u00f3 los corrillos de cotillas en las plazas y de parroquianos en las tabernas de toda la comarca durante a\u00f1os. En la casa de Candela y Soledad, la tristeza y el odio cristalizaron en ambas en un deseo profundo de mal, de que la desgracia, la enfermedad, la muerte misma, se hicieran con la otra. La mayor adopt\u00f3 la ira como compa\u00f1era; la menor, se mord\u00eda el labio para no desvelar sus pensamientos con palabras precipitadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde que el barbero y la costurera se mudaron a un nicho del cementerio, Candela, ansiosa por ser correspondida por un hombre que la amara como so\u00f1aba, flirteaba con cuantos iban de paso por el pueblo, y m\u00e1s tarde con sus propios vecinos, solteros o casados. Encendido su cuerpo tanto como ennegrecida su alma, degener\u00f3 en arp\u00eda, tan odiada por las mujeres como despreciada por los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Soledad, a pesar de la desgracia, se recompuso y despu\u00e9s del luto preceptivo se dej\u00f3 cortejar por el rico del pueblo, pues en todos hab\u00eda uno con la obligaci\u00f3n de procurarse herederos. Candela, frustrada hasta el delirio, conspir\u00f3 contra su propia sangre otra vez m\u00e1s. Enfri\u00f3 el entusiasmo inicial del caballero habl\u00e1ndole de su hermana la inmoral; de la lujuria que la invad\u00eda ante los hombres guapos, de la lascivia que exhib\u00eda en la intimidad tanto como en p\u00fablico. Agri\u00f3 los pensamientos del pretendiente y lo corrompi\u00f3. Y cuando el hombre no volvi\u00f3, Soledad fue pretendida por el alguacil, que huy\u00f3 tambi\u00e9n por id\u00e9ntico motivo; m\u00e1s tarde, fue abordada con torpeza por el cartero y, al final, incluso el viejo criador de mulas le propuso un arreglo que la humill\u00f3 por \u00faltima vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esas idas y venidas pasaron los a\u00f1os, la belleza se march\u00f3 sin despedirse, los hombres dejaron de detenerse ante su puerta. Y Soledad, por fin, se resign\u00f3 a lo que su propio nombre le hab\u00eda vaticinado. Ajada, perdida la juventud, olvidada la ilusi\u00f3n del amor, se consumi\u00f3 sentada junto a una ventana, desde donde contemplaba a este lado las costumbres repugnantes de la \u00fanica familia que le quedaba, y al otro lado la vida de verdad, el trasiego de personas y animales a lo largo de la calle, camino de la plaza; las caras alegres, preocupadas, tranquilas o iracundas, seg\u00fan el caso, de quienes una vez fueron sus vecinos y vecinas; de las mismas personas que la apreciaron, que envidiaron su belleza, que rieron con ella, que se felicitaron por su suerte cuando encontr\u00f3 lo que anhelaba. Las mismas personas que la hicieron v\u00edctima de la maledicencia cuando la marc\u00f3 la desgracia; que la ignoraron durante a\u00f1os y luego la olvidaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las torturas continuas de Candela fueron alimentando en Soledad un odio diferente. No un odio como fuego, de grandes llamaradas y luz cegadora. El suyo era como brasas enterradas en la ceniza, invisibles, consumidas con lentitud, convertidas en carb\u00f3n negro, con el \u00faltimo rescoldo bajo capas y m\u00e1s capas de polvo gris y holl\u00edn. El labio se le amorat\u00f3 y se infect\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca la sangre mostr\u00f3 tal repulsi\u00f3n de s\u00ed misma. Las dos hermanas ten\u00edan que convivir con la penuria y la memoria bajo el mismo techo, condenadas a recordarse hasta el fin de su vida, el amor perdido la una, el amor frustrado, la otra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda en que el labio se abri\u00f3, clavados los dientes en \u00e9l, cruzaron las primeras palabras despu\u00e9s de a\u00f1os de obstinado silencio. Candela, enajenada, sufri\u00f3 uno de sus arrebatos y Soledad se desat\u00f3. El estr\u00e9pito de gritos y objetos quebrados se oy\u00f3 a lo largo de toda la calle y convoc\u00f3 a varios vecinos que entraron en la casa por la fuerza. Una de las hermanas hab\u00eda estrangulado a la otra. La estrangulada a\u00fan aferraba un vidrio roto empujado hasta las entra\u00f1as de su asesina, cuya propia sangre se derramaba y cubr\u00eda el cuerpo de ambas de un l\u00edquido espeso que una vez fue caliente y del color rojo de la vida y ahora era fr\u00edo y negro como el alquitr\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Candela y SoledadJLBelloq \u2212Hermana\u2026\u2212Yo no tengo hermana.\u2212\u00bfQui\u00e9n te habla, entonces?\u2212Nadie\u2026 Es un demonio que habita en esta casay que me martiriza\u2026 Uno al que he de aniquilaraunque me lleve la vida entera. 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