{"id":1165,"date":"2023-10-30T15:48:00","date_gmt":"2023-10-30T14:48:00","guid":{"rendered":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=1165"},"modified":"2026-08-02T15:53:11","modified_gmt":"2026-08-02T13:53:11","slug":"relato-fuera-de-concurso-del-viii-concurso-de-microrrelatos-2023","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2023\/10\/relato-fuera-de-concurso-del-viii-concurso-de-microrrelatos-2023\/","title":{"rendered":"Relato (fuera de concurso) del VIII Concurso de Microrrelatos (2023)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Instinto de supervivencia<br>JL Belloq<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella casa se encontraba aislada del mundo, como yo. Estaba asentada sin mucha convicci\u00f3n en la vaguada, entre dos elevaciones del terreno tras las que se guarec\u00eda del viento impertinente de los llanos. Al fondo, se divisaba la silueta rota del puente romano, que cruzaba sobre el lecho seco.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El edificio era una construcci\u00f3n sobria de dos plantas, de ladrillo el interior, de piedra el exterior. La ruina se hab\u00eda hecho con \u00e9l y lo hab\u00eda convertido en un cascar\u00f3n reseco abierto por el tejado. Los desprendimientos hab\u00edan acumulado en el piso superior montones de escombros de la techumbre. No obstante, algunas paredes aguantaban y sosten\u00edan una parte de la cubierta suficiente para proteger de la intemperie la planta baja, lo suficiente para mantener la ilusi\u00f3n de que ese lugar pod\u00eda ser mi hogar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La obra no era un ejemplo de alba\u00f1iler\u00eda seria: los \u00e1ngulos rectos eran meras aproximaciones; la horizontalidad de los suelos, una ilusi\u00f3n; los materiales, dudosos. La c\u00e1mara intermedia no hab\u00eda sido sellada con ning\u00fan aislante, por lo que en ese estrecho espacio que envolv\u00eda toda la construcci\u00f3n se hab\u00eda desarrollado un ecosistema que, seg\u00fan mis observaciones casuales, &nbsp;inclu\u00eda al menos insectos y otros artr\u00f3podos en n\u00famero infinito; ratas y ratones de tama\u00f1os variados; y serpientes, que acced\u00edan por los intersticios entre las piedras a la busca de presas f\u00e1ciles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora que mi imaginaci\u00f3n no estaba sujeta a los lastres de las relaciones personales ni la vida ajetreada de la ciudad, con su mir\u00edada de ocupaciones tan triviales como innecesarias, me dedicaba a observar y pensar, e intentar escribir sobre ello. Me imaginaba a m\u00ed mismo como el residente de una suerte de mansi\u00f3n lovecraftiana repleta de secretos por descubrir, el \u00faltimo hombre sobre la tierra despu\u00e9s de la devastaci\u00f3n, un criminal perseguido, escondido tras una m\u00e1scara de misantrop\u00eda&#8230; Pensamientos de esta \u00edndole eran para m\u00ed un desahogo de la imaginaci\u00f3n, un respiro mental frente a la ubicua realidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace unos pocos a\u00f1os, hab\u00eda comenzado a dormir mal a causa del calor de aquel verano inusualmente c\u00e1lido y seco. El refresco de la noche me estaba vedado, pues mosquitos, polillas y mantis religiosas sitiaban la casa, acechando desde detr\u00e1s de las ventanas a la espera de una rendija por la que precipitarse hacia la luz del interior. Las pesadillas comenzaron a asaltarme con tanta frecuencia que apenas conciliaba el sue\u00f1o, y con tanta verosimilitud que me despertaba nervioso y desasosegado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por suerte, el oto\u00f1o se acercaba, por fin. Esos \u00faltimos d\u00edas del est\u00edo el ambiente se carg\u00f3 de est\u00e1tica, lo que presagiaba una inminente tormenta de verano, de esas que dan fin oficioso a la estaci\u00f3n. El aire ol\u00eda a \u00f3xidos met\u00e1licos. El cielo, sin nubes, hab\u00eda tornado el azul luminoso en un gris azulado deprimente en cuyo fondo el propio sol mostraba sus contornos difuminados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa tarde, la brisa desapareci\u00f3 de golpe, y con ella la habitual algarab\u00eda de los p\u00e1jaros, que parec\u00edan haber sido disecados en las ramas, en los cables y en lo alto de las alambradas. El silencio repentino era casi s\u00f3lido. Incluso la propia casa parec\u00eda atenta, expectante. Hab\u00eda omitido los ruidos con los que sol\u00eda azuzar mis nervios en la quietud del atardecer, antes de la ca\u00edda de la noche: los crujidos continuos de la madera; los golpeteos de piedrecillas desprendidas, rebotando entre los ladrillos; los zumbidos de los bichos atrapados entre los muros; los pasos apresurados de animales de varias patas y el roce sobre el cemento de otros sin ellas; los chasquidos del hierro dilatado por el calor. Una sinton\u00eda de sonidos dignos de las viejas pel\u00edculas de terror en blanco y negro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa tarde, sin embargo, era como si toda la construcci\u00f3n estuviera conteni\u00e9ndose, como si retuviera el aire a la espera del regreso del viento y del esc\u00e1ndalo de los p\u00e1jaros a la ca\u00edda del sol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El eco de un trueno lejano rompi\u00f3 el hechizo. Inhal\u00e9 con fuerza, pues yo tambi\u00e9n hab\u00eda dejado de tomar aire esos \u00faltimos instantes. La tormenta comenzaba en alguna parte, no muy lejos. Me acomod\u00e9 frente al ventanal del sal\u00f3n, la \u00fanica estancia razonablemente aislada del viento y del agua, dispuesto a disfrutar del espect\u00e1culo de la lluvia torrencial y a dar tambi\u00e9n la bienvenida al frescor y la humedad del oto\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La calma se disip\u00f3 con el primer soplo de viento. Los p\u00e1jaros se estremecieron perceptiblemente: una especie de vibraci\u00f3n sincronizada se transmiti\u00f3 por ramas, cables y alambradas. Las primeras r\u00e1fagas de agua golpearon la fachada con violencia. Era otra tormenta de verano, me dije, una m\u00e1s. Pero la casa permanec\u00eda obstinadamente en silencio bajo el aguacero, en una quietud impropia de un edificio aquejado de vejez, acostumbrado a la amalgama de crujidos, zumbidos, golpes y rechineos de los de su especie. El viento y el agua se abat\u00edan ya con sa\u00f1a sobre el tejado y la cara norte, donde las ventanas conten\u00edan a duras penas los embates continuos de los elementos. El ruido en el exterior deb\u00eda ser atronador, a pesar de que la tormenta acababa de llegar y a\u00fan estaba lejos de su plenitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un estremecimiento profundo se superpuso a todo, un sonido grave y potente que no proced\u00eda de fuera, sino de dentro de la casa. Lo sent\u00ed, m\u00e1s que escucharlo, bajo mis pies. Algo se estaba moviendo por debajo del suelo, a pocos metros, y me tem\u00ed lo peor: un terremoto que pondr\u00eda toda la vaguada y sus terraplenes del rev\u00e9s y sepultar\u00eda la casa y a m\u00ed con ella; un corrimiento de tierras, una falla que se deslizaba hasta tumbar la casa y destrozarla con su propio peso; o un enorme agujero, una gruta, un acu\u00edfero&#8230; cualquier cosa que se la pudiera tragar entera con todo lo que conten\u00eda, incluido yo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sol del ocaso hab\u00eda desaparecido tras la cortina de agua. La l\u00e1mpara del techo, \u00fanica luz que manten\u00eda encendida, se apag\u00f3 sola y todo, fuera y dentro, qued\u00f3 en penumbra. Al ruido ensordecedor se sum\u00f3 una intensa vibraci\u00f3n que se transmit\u00eda a mi cuerpo desde el suelo. Una pared se agriet\u00f3, un vidrio se hizo a\u00f1icos. La casa se desmoronaba, y yo, ensimismado con el espect\u00e1culo, me demoraba en el interior cuando deber\u00eda estar corriendo afuera, por mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La parte del techo que sosten\u00eda la l\u00e1mpara cedi\u00f3 y cay\u00f3, y con ella parte de los escombros acumulados en la planta superior. La c\u00e1mara del muro qued\u00f3 al descubierto y, por la abertura, se desbord\u00f3 una ola de roedores presas del p\u00e1nico. Me un\u00ed a ellos en la huida, y unos segundos despu\u00e9s escalaba el terrapl\u00e9n rodeado de ratas y ratones que ascend\u00edan, como yo, al lugar pr\u00f3ximo m\u00e1s elevado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tormenta era ya un torrente de agua vertical. Grandes v\u00f3rtices rodeaban la casa y desprend\u00edan tierra y restos de vegetaci\u00f3n reseca, que giraban sin parar y se desperdigaban por todas partes. Aquello no ser\u00eda el fin del mundo, pero era serio. Abajo, en la hondonada, el ruido era de tal magnitud que superaba al del aguacero, y el fuerte temblor que me hab\u00eda hecho salir afuera se notaba todav\u00eda en lo alto, donde me encontraba. No ten\u00eda ning\u00fan sitio donde guarecerme de la lluvia, aunque mi ropa no pod\u00eda retener ya m\u00e1s agua y el barro pegado durante la ascensi\u00f3n pesaba m\u00e1s que yo mismo. Al menos, las ratas se hab\u00edan escabullido y no quedaba ni rastro de animales, solo alguna culebra rezagada y los p\u00e1jaros, que parec\u00edan clavados en sus ramas, cables y alambres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La agitaci\u00f3n en la zona de la casa la hizo estremecerse: se iba a derrumbar. \u00bfC\u00f3mo era posible tal coincidencia, un terremoto y una tormenta simult\u00e1neos? \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda hecho yo? \u00bfMe habr\u00eda mirado un tuerto cuando sub\u00ed al pueblo? \u00bfIba a perder mi refugio?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde lo alto del terrapl\u00e9n contempl\u00e9 hipnotizado c\u00f3mo el edificio entero escoraba a un costado. La tierra sali\u00f3 despedida desde debajo y unos cimientos precarios, como una herida de hueso descarnada, quedaron a la vista. Pero la casa aguantaba. A continuaci\u00f3n, comenz\u00f3 a hundirse del otro lado. Otro mont\u00f3n de tierra vol\u00f3 y otro tramo de hormig\u00f3n qued\u00f3 al descubierto. La inclinaci\u00f3n previa ces\u00f3 y se invirti\u00f3. Ahora, el lado hundido se estaba elevando, tanto que tem\u00ed que toda la construcci\u00f3n fuera a volcar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por debajo del cimiento se pod\u00eda ver ahora la capa de rocas del subsuelo. Lo que vi entonces, a pesar de la lluvia incesante, del barro que lo impregnaba todo y de la escasa luz que llegaba de la parte del puente, me aterr\u00f3. La casa se rehizo. Trozos de tejado y grandes fragmentos de la pared de piedra se iban desgajando al tiempo que el edificio entero hab\u00eda empezado a desplazarse. Y no era el efecto de un corrimiento de tierra, no: de repente, esa casa se estaba moviendo por la cuesta; la casa monstruosa estaba ascendiendo por sus propios medios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer paso de su andadura dej\u00f3 un enorme socav\u00f3n que llegaba hasta donde los cimientos hab\u00edan encontrado la roca s\u00f3lida donde sustentarse. El subsiguiente desplazamiento cre\u00f3 un rastro en forma de trinchera a lo largo de una l\u00ednea ascendente. Colosales patas de cemento y piedra se estaban separando del suelo para volver a hundirse varios metros m\u00e1s arriba. Rocas y ladrillos desmenuzados jalonaban la ruta de ascenso, que pasaba a pocos metros de mi posici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era una visi\u00f3n de pesadilla en un ambiente de pesadilla. El ruido que generaba la piedra en movimiento era atronador, y se superpon\u00eda al de la propia tormenta y a los truenos de unos rayos que se generaban ahora encima de mi cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En unos pocos minutos m\u00e1s la casa lleg\u00f3 a la cresta del terrapl\u00e9n y se detuvo. La mole descarg\u00f3 su peso colosal en la tierra empapada, donde se hundi\u00f3 y pareci\u00f3 hacer un gesto de acomodo casi humano. Qued\u00f3 algo inclinada, hincada al final del largo surco labrado en la ladera que ya empezaba a desaparecer por causa del barro que se deslizaba en torrentes desde lo alto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de toda esa locura, otro sonido lleg\u00f3 a mi cuerpo a trav\u00e9s, de nuevo, de las vibraciones del suelo. Esta vez s\u00ed es un terremoto, me dije. Imagin\u00e9 que se abr\u00eda la tierra y se tragaba la casa y todo su entorno, y que yo ser\u00eda a partir de entonces el t\u00edpico loco del que se r\u00ede todo el mundo por contar la historia incre\u00edble de una vivienda que hab\u00eda trepado por una pendiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El miedo me hac\u00eda temblar m\u00e1s que el fr\u00edo. El nuevo ruido fue creciendo y creciendo de forma sostenida. Tuve la impresi\u00f3n de que esta vez proced\u00eda de otra direcci\u00f3n y mir\u00e9 hacia el puente romano, que ya no era visible. Hab\u00eda desaparecido en cuesti\u00f3n de segundos, sepultado bajo un mar de agua turbulenta que se acercaba en mi direcci\u00f3n a toda velocidad. Era una gran ola gigante de agua embarrada que arrastraba una ingente cantidad de objetos indeterminados, pronto identificados como \u00e1rboles y coches, entre otras cosas. Algunas piedras enormes rodaban ante los violentos embates de la masa l\u00edquida justo antes de desaparecer bajo ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era la riada, conducida por el terreno a trav\u00e9s de la vaguada, a lo largo del antiguo cauce del riachuelo. El agua desbordada hab\u00eda encontrado su camino natural, y el&nbsp; torrente incontrolado pas\u00f3 tronando a pocos metros por debajo de m\u00ed, lami\u00f3 la parte baja de la casa, medio deshecha, arrojando troncos y veh\u00edculos contra los restos del hormig\u00f3n. El caudal lleg\u00f3 al m\u00e1ximo y remiti\u00f3 unos minutos despu\u00e9s; el nivel de agua empez\u00f3 a descender a gran velocidad y, casi en el mismo tiempo que hab\u00eda tardado en llegar, desapareci\u00f3 casi por entero, dejando como recuerdo una versi\u00f3n sucia y revuelta del antiguo riachuelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, junto a ella, una decena de metros m\u00e1s arriba, la casa. Y a su lado, yo, estupefacto, admirado, asustado, todo a la vez. Haciendo buen uso de mi conocida flema, me recompuse, orden\u00e9 mis pensamientos y, saltando entre el barro y los escombros, entr\u00e9 de nuevo en el edificio. Los destrozos eran graves, pero no insolubles. Me desvest\u00ed, busqu\u00e9 ropa seca y una toalla, y pocos minutos m\u00e1s tarde miraba por el ventanal en direcci\u00f3n al puente romano, inc\u00f3lume. Y, con gran satisfacci\u00f3n para m\u00ed, me sent\u00ed seguro, mucho m\u00e1s seguro que antes del episodio vivido, pues ahora sab\u00eda que viv\u00eda en una casa que, peculiaridades aparte, gozaba de un sano instinto de supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Instinto de supervivenciaJL Belloq Aquella casa se encontraba aislada del mundo, como yo. 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