{"id":1160,"date":"2024-10-30T15:36:00","date_gmt":"2024-10-30T14:36:00","guid":{"rendered":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/?p=1160"},"modified":"2026-08-02T15:55:30","modified_gmt":"2026-08-02T13:55:30","slug":"3er-relato-fuera-de-concurso-del-ix-concurso-de-microrrelatos-2024","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/circuloludofago.com\/wordpress\/2024\/10\/3er-relato-fuera-de-concurso-del-ix-concurso-de-microrrelatos-2024\/","title":{"rendered":"3er. relato (fuera de concurso) del IX Concurso de Microrrelatos (2024)"},"content":{"rendered":"<p><b><u>ESTEBAN<\/u><\/b><br \/>\nJL Belloq<\/p>\n<hr \/>\n<p>Hac\u00eda casi un a\u00f1o que el padre Esteban hab\u00eda sido designado ayudante del padre Mauricio. El joven sacerdote se hab\u00eda encontrado a un hombre decr\u00e9pito, un viejo de ochenta a\u00f1os o m\u00e1s con apariencia de noventa y muchos; tambi\u00e9n, un tullido con tal cantidad de faltas que se lo pod\u00eda calificar de piltrafa humana; un hombre m\u00e1s pr\u00f3ximo a la muerte que a la vida.<!--more--><\/p>\n<p>Se manejaba con un solo brazo, pues el otro le ca\u00eda, inerte y r\u00edgido, a un costado, y se desplazaba con ayuda de una muleta, con la que supl\u00eda con mucho esfuerzo la carencia del pie derecho. Una prominencia en su espalda encorvada le hac\u00eda parecer jorobado; ten\u00eda la piel plagada de manchas, como los fumadores empedernidos, y las arrugas eran tan profundas que apenas dejaban reconocer ya sus facciones.<\/p>\n<p>No obstante su calamitoso estado, el padre Mauricio segu\u00eda en activo. Era una leyenda en el mundo eclesi\u00e1stico, un hombre \u00fanico que al sacerdote novel impresionaba por sus logros tanto como inquietaba por su aspecto y maneras.\u00a0 El padre Esteban se esforzaba en ignorar el malestar que le provocaba la visi\u00f3n de su superior. Era un pecado del que se arrepent\u00eda de inmediato, pero que no pod\u00eda evitar cometer cada ma\u00f1ana, cuando lo ayudaba a levantarse de la cama y lo acompa\u00f1aba en su aseo. El anciano, pensaba entonces, sufr\u00eda un cuerpo demasiado deteriorado para su edad.<\/p>\n<p>Para hacer m\u00e1s llevaderas sus labores, hablaba con el viejo. Solo sab\u00eda que hab\u00eda sido preparado en su juventud como exorcista, bajo las \u00f3rdenes directas del Sumo Pont\u00edfice. Y que, en el desempe\u00f1o de tan horrible tarea, se hab\u00eda ganado el apodo de \u201cAzote del Mal\u201d entre la alta jerarqu\u00eda de la Iglesia, \u00fanicos conocedores de sus actividades. En ese asunto era un maestro, que ahora contaba con un disc\u00edpulo \u00e1vido de informaci\u00f3n sobre su oficio y tambi\u00e9n sobre su vida personal.<\/p>\n<p>\u2014A un fiel no se le exorciza \u2014le dec\u00eda\u2014, se exorciza al demonio que habita dentro de su cuerpo o al que se apodera de su mente.<\/p>\n<p>El mayor pesar del joven sacerdote era la ignorancia, el desconocimiento que le imped\u00eda actuar en los exorcismos y lo ataba al papel de mero espectador en una obra cuyo escenario conoc\u00eda pero cuyo gui\u00f3n todav\u00eda no entend\u00eda. Sin embargo, su inter\u00e9s por aprender era genuino, pues lo consideraba su responsabilidad.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 el Enemigo se empe\u00f1a en poseer hombres y mujeres si sabe que podemos expulsar a sus servidores y escamotearle las almas por las que se toma tanto esfuerzo?<\/p>\n<p>\u2014A \u00c9l le da lo mismo, ese no es su objetivo. Lo que quiere es enfrentarse a nosotros, porque cree firmemente que todas las almas no son iguales, que la de un hombre de la Iglesia vale por las de un mill\u00f3n de laicos.<\/p>\n<p>El Viernes de Dolores, el padre Mauricio empeor\u00f3. El eccema que le cubr\u00eda la cabeza y que hab\u00eda ganado terreno por toda su cara desde hac\u00eda unos meses, le supuraba y hab\u00eda enrojecido como si la sangre intentara escapar a trav\u00e9s de esa piel ajada y casi deshecha; el brazo in\u00fatil hab\u00eda perdido su rigidez, pero ahora parec\u00eda un ap\u00e9ndice muerto; llevaba la espalda casi horizontal, de tan encorvado; y se hab\u00eda levantado con una mueca extra\u00f1a que le manten\u00eda un ojo cerrado y una boca desigual, como los afectados por ictus.<\/p>\n<p>Sin embargo, esa noche hab\u00eda un trabajo que hacer. El \u00faltimo, pensaba el padre Esteban, convencido de que su maestro hab\u00eda sobrepasado el l\u00edmite f\u00edsico hac\u00eda mucho tiempo, de que se manten\u00eda en pie solo con la fuerza m\u00edstica de la fe.<\/p>\n<p>En un barrio infestado de chabolas, cercano al puerto, un creyente fiel esperaba ayuda para recuperar su esp\u00edritu limpio, alguien a quien su p\u00e1rroco incluso hab\u00eda negado la confesi\u00f3n. El padre Mauricio, Azote del Mal y Portador de Prodigios, recorri\u00f3 a pie las calles embarradas, a pesar de su estado, resuelto, como siempre, a cumplir con su siniestro deber. Su asistente, cargado con el malet\u00edn de los instrumentos, aprovechaba los momentos de lucidez del viejo para continuar su particular formaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014El pecado, hijo, esa es la clave. El Maligno sabe esperar, tiene el don de la paciencia, y hace mucho tiempo que descubri\u00f3 algo que ahora est\u00e1 usando contra nosotros.<\/p>\n<p>\u2014No tiene nada contra nosotros. Nosotros tenemos a Dios de nuestro lado&#8230; \u00bfo no? \u00bfqu\u00e9 ha querido decir, padre?<\/p>\n<p>Entraron en una suerte de choza construida con restos de chapa y cart\u00f3n; una tela clavada en el dintel ejerc\u00eda de puerta. En el interior, el tufo a pobreza se manifestaba en el ambiente como una mezcla de sudor, orina y comida podrida; en un rinc\u00f3n, una mujer extraordinariamente flaca acompa\u00f1aba a un hombre que yac\u00eda, semidesnudo, sobre una colchoneta ro\u00f1osa, debati\u00e9ndose entre murmullos ag\u00f3nicos. En el rinc\u00f3n opuesto, un cubo tapado con un trapo hed\u00eda a excrementos.<\/p>\n<p>Dios los hab\u00eda enviado a ese antro ignorado por la Humanidad, y el padre Esteban volvi\u00f3 a sentir que lo invad\u00edan al mismo tiempo la inseguridad por su ignorancia y el escepticismo del no creyente. Particip\u00f3 en su tercer exorcismo como asistente del viejo sacerdote consumido, de ese cura admirado que se arrastr\u00f3 como un inv\u00e1lido hasta otro hombre que, en comparaci\u00f3n, ahora parec\u00eda casi saludable, para luchar una vez m\u00e1s. Era una batalla desigual en la que el demonio devolv\u00eda golpe por golpe y arruinaba m\u00e1s todav\u00eda la precaria salud de su oponente al tiempo que da\u00f1aba el cuerpo de su v\u00edctima.<\/p>\n<p>Cuando el viejo sacerdote abandon\u00f3 la lucha, el primer asalto era un fracaso inapelable. Incapaz de leer el ritual romano, intent\u00f3 recitarlo de memoria, aunque los presentes solo escucharon balbuceos murmurados con dolor desde una garganta invadida de p\u00fastulas. Su mano temblorosa dej\u00f3 caer el frasco del agua bendita, que se derram\u00f3.<\/p>\n<p>El padre Esteban sostuvo a su maestro con una mano mientras con la otra enarbolaba el crucifijo a modo de escudo entre ellos y el pose\u00eddo. Este dormitaba ahora, el cuerpo exhausto y la mente dislocada. Entonces, el viejo sacerdote volvi\u00f3 a hablar con su aprendiz con una mirada apagada que, aun en tales circunstancias, no pod\u00eda ocultar una tristeza profunda y un atisbo de miedo insuperable.<\/p>\n<p>\u2014Esteban, esc\u00fachame bien, porque esta es la \u00faltima lecci\u00f3n. Has de saber que los pecados no se perdonan por completo, que la confesi\u00f3n no deja el alma impoluta, que siempre queda un sedimento adherido que no se puede retirar&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230; \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 usted diciendo? Eso es&#8230; eso no es&#8230; eso suena a herej\u00eda, padre&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Escucha y calla! Satan\u00e1s descubri\u00f3 eso antes que nosotros y lo usa bien. Al expulsar a un demonio, el exorcista recibe a cambio el poso que ese ser ha ido acumulando de todos los pose\u00eddos a los que no se lleg\u00f3 a salvar&#8230; un regalo repugnante, da\u00f1ino, como alquitr\u00e1n putrefacto, que se pega al alma y la ennegrece y la envenena; el extracto concentrado de cientos, miles, millones de pecados cometidos a lo largo de siglos por una mir\u00edada de hombres y mujeres de todo signo&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230; eso quiere decir que&#8230;<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hijo&#8230; el alma de un exorcista est\u00e1 corrompida como la del peor de los pecadores&#8230; y su cuerpo lo paga, invadido por el c\u00e1ncer, la lepra y la gangrena&#8230; Soy un reflejo siniestro de mis propias victorias&#8230; que Satan\u00e1s ha sabido convertir en derrota. Puedo escuchar su risa, cada vez m\u00e1s alta y m\u00e1s clara&#8230; Se relame de gusto porque sabe que me tiene en sus manos, que ya no sobrevivir\u00e9 a esta noche, y en la\u00a0 muerte quedar\u00e9 inerme y me llevar\u00e1 consigo&#8230; Mi alma est\u00e1 tan podrida que ahora mismo soy indistinguible de uno de sus demonios m\u00e1s abyectos&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No, eso no es como usted dice, padre! Si este es ese momento, haga confesi\u00f3n conmigo y el Maligno no tendr\u00e1 nada que llevarse, solo frustraci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>El padre Mauricio reuni\u00f3 las \u00faltimas briznas de energ\u00eda para gritar:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No escuchas, Esteban! Yo ya estoy perdido, con confesi\u00f3n o sin ella&#8230; Oc\u00fapate de este pobre desgraciado y empieza as\u00ed tu ministerio, que espero tan fruct\u00edfero como el m\u00edo&#8230;<\/p>\n<p>La desesperaci\u00f3n hizo presa del joven, aturdido por la precipitaci\u00f3n de un desenlace que ya hab\u00eda presentido esa noche pero cuyas consecuencias acababan de ser reveladas. Sin embargo, un rayo de luz alumbr\u00f3 su mente y la comprensi\u00f3n se abri\u00f3 paso, lenta pero inexorable. Record\u00f3 una extra\u00f1a conversaci\u00f3n con el Sumo Pont\u00edfice en persona, justo antes de su ordenaci\u00f3n. Fue una confidencia que entonces no hab\u00eda entendido:<\/p>\n<p>\u2014Recuerda esto, joven di\u00e1cono: Satan\u00e1s conoce tretas con las que vencer a nuestros mejores varones&#8230; pero nosotros sabemos c\u00f3mo escamotearle el premio y frustrar sus planes. Sirve al padre Mauricio con dedicaci\u00f3n, aprende de nuestro mejor maestro&#8230; y, ante todo, no lo abandones bajo ninguna circunstancia, no te separes de \u00e9l cuando desfallezca y cumple con tu deber como cristiano y como disc\u00edpulo del m\u00e1s meritorio de nuestros h\u00e9roes.<\/p>\n<p>El padre Esteban se reh\u00edzo. Su juventud contrastaba en extremo con la decrepitud del anciano, con ese desecho humano cuyos \u00f3rganos hab\u00edan enfermado muchos a\u00f1os atr\u00e1s; cuyos tejidos hab\u00edan degenerado en masas purulentas, en abscesos afectados por la descomposici\u00f3n en vida de su anfitri\u00f3n, el remedo de hombre con el don para la lucha contra el Mal que se iba a perder en unos minutos.<\/p>\n<p>Con la conciencia tranquila y la determinaci\u00f3n de un hombre de fe, se coloc\u00f3 la estola y abri\u00f3 el ritual romano por donde correspond\u00eda. Recogi\u00f3 el crucifijo de entre los dedos crispados, deformados como garras, del padre Mauricio. Rescat\u00f3 el frasco de agua bendita medio vac\u00edo y, enarbolando ambos objetos a modo de espada y escudo, se dispuso a pelear por primera vez contra un demonio. A expulsar al ser que habitaba ahora el cuerpo de su maestro, y a tragarse en el proceso una cantidad ingente de pecados, una carga insoportable, venenosa, dolorosa, cruel; de esos restos de maldad concentrada que le hab\u00eda\u00a0 referido el cura exorcista&#8230; Todos los que hab\u00eda atesorado el demonio desterrado, sumados a todos los que hab\u00eda recibido en un sinf\u00edn de batallas espirituales ganadas a los sirvientes del Enemigo. Todos ellos adheridos a su alma ennegrecida como el tabaco a un pulm\u00f3n.<\/p>\n<p>Unas horas m\u00e1s tarde, un hombre exhausto, vestido de sotana, con un malet\u00edn en la mano, arrastraba los pies por el barro, alej\u00e1ndose del barrio de chabolas. Con la mirada perdida, un acceso de tos lo devolvi\u00f3 a la realidad. El rostro del joven sacerdote era ahora la tez reseca y manchada de un cuarent\u00f3n enfermo de s\u00edfilis, invadido por la viruela. El rostro del nuevo soldado a las \u00f3rdenes de la Santa Madre Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ESTEBAN JL Belloq Hac\u00eda casi un a\u00f1o que el padre Esteban hab\u00eda sido designado ayudante del padre Mauricio. 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