Crónicas de Elmore – capítulo I (relato)

El amigo Uruk Valandil Yavetil nos remite la primera entrega de su serie ambientada en el mundo de Lineage, como solo un héroe veterano como él sabe verlo, firmada con el inescrutable seudónimo “Antonio Carlos Ruíz Borreguero”.
(JLBelloq, Círculo del Ludófago)

gm_enanoCRÓNICAS DE ELMORE

por Antonio Carlos Ruíz Borreguero

Capítulo 1 – La Villa Enana

         Seguramente esta no sea la única Crónica de Elmore que exista, ya que muchos de sus cuentos y relatos se remontan a tiempos inmemoriales, cuando salir de caza era una mera actividad rutinaria o inspeccionar una nueva cueva no conllevaba más peligro que el de perder el rumbo y tener que encontrar nuevamente el camino de salida. Desgraciadamente la mayoría de estas historias se han perdido en el olvido y el paso del tiempo las ha dejado atrás, enterradas en viejas oquedades que antaño fueron hogares, pero que hoy no son nada más que lugares oscuros desconocidos para la mayoría de habitantes de Elmore.

       Elmore es un lugar apartado en el norte del mundo de Aden, rodeado de vastas montañas y profundos valles, donde el invierno parece haberse perpetuado por siempre, donde los cambios de estaciones apenas se aprecian, y donde el tiempo parece haberse detenido irremediablemente. Se dice que hay otra parte de Elmore, lejos de allí por entre las montañas, en el que el abrazo del invierno no consiguió llegar tan profundamente, y en donde se pueden vislumbrar grandes llanuras verdes bajo un sol radiante; mas poco se cuenta en las viejas crónicas de aquel otro lugar.

         Las costumbres ancestrales de sus habitantes apenas habían variado en cientos de años de existencia y su forma de vida permanecía como antiguamente era. Sin embargo el número de gente que vivía allí se había reducido considerablemente con el paso del tiempo, tanto que antiguos asentamientos habían sido abandonados por falta de inquilinos que los ocupasen; esos lugares estaban ahora vacíos e inhóspitos, o bien habían caído en poder de criaturas malignas que poco a poco se habían ido haciendo con el control de las montañas. Y los pocos habitantes que aún quedaban permanecían unidos en una humilde villa, viviendo sosegadamente alejados del ancho mundo, aunque siempre vigilantes pues el peligro acechaba silenciosamente en la fría lejanía.

         La Villa Enana se encontraba situada a lo largo de la falda oriental de una alta montaña cubierta permanentemente de nieve. La cadena montañosa se extendía hacia el norte, descendiendo lentamente hasta llegar a las costas del Mar de Hielo, llamado así porque sus aguas eran tan frías que llegaban incluso a helarse en algunos momentos del año, formándose a veces grandes bloques de hielo como islas heladas que durante meses aguantaban flotando frente a las nevadas playas norteñas.

         Aquella mañana soplaba una tibia brisa del sur que indicaba la llegada de los meses más llevaderos del año, aunque la nieve nunca se iría del todo de aquel lugar. El enano de pelo corto y cabellos negros, tez clara y ojos azules, caminaba deprisa por la nieve, pues llegaba tarde al encuentro con sus compañeros, otra vez.

         —¡Krunn, vamos! ¡Te has retrasado! —le dijo su prima Annia mientras él se aproximaba.

         —Lo sé, lo siento. Mis padres necesitaban ayuda y no he podido venir antes—respondió el enano con resignación.

         —Pero es nuestro último día. ¡No podemos llegar tarde! —replicó la enana echando a andar decidida la primera—. ¡Laferon se pondrá furioso!

         —Tranquilo, Krunn, no pasará nada —replicó el otro enano que le esperaba, marchando tras la joven—. Hoy acaba nuestra instrucción. ¿Qué va a hacernos Laferon, castigarnos?

         —Uff, espero que no, Nethan —contestó Krunn marchando el último de los tres.

         —Claro que no. Laferon es un gruñón, pero nada más —agregó Nethan.

         —Puede retrasar el comienzo de la Prueba, y lo sabéis —replicó Annia malhumorada mientras continuaba a paso rápido—. No me apetece esperar otras dos semanas hasta que nos permitan realizarla.

         —Tranquila, Annia, no será así. Mañana mismo comenzaremos la Prueba.

         —Ojalá tengas razón, amigo —dijo Krunn marchando con rapidez tras sus compañeros.

         Los tres jóvenes enanos caminaron deprisa por la nieve, atravesando el Valle Helado en dirección suroeste, hacia la Mina Abierta. Annia, prima de Krunn, lucía un bonito cabello pelirrojo entrelazado a la espalda que hacía juego con sus ojos de color verde, mientras que Nethan, amigo y compañero de ambos, tenía los ojos marrones y la barba rubia entrelazada, y dejaba que los largos cabellos le cayeran libres por los hombros. Todos iban ataviados con sus trajes hechos de pieles que les aislaban del frío que les rodeaba.

         Tardaron algo más de media hora en atravesar el valle y ver a lo lejos las construcciones de la Mina Abierta; se llamaba así porque aquel lugar se encontraba bajo el cielo abierto, y aunque antaño había sido una mina bajo una montaña, tanto se cavó en ella y tanto material se extrajo de allí que finalmente la montaña acabó desapareciendo y quedándose en el aspecto actual: un profundo hueco en la cadena montañosa. En épocas pasadas solía encontrarse gran número de enanos trabajando en aquellas minas, pero a día de hoy apenas un par de decenas las seguían utilizando. Y entre los que la seguían visitando se encontraban los aprendices, jóvenes enanos que aprendían el antiguo oficio de su raza: búsqueda, extracción y recolección de materiales. Laferon era el Capataz y Maestro, que les enseñaba y guiaba en todo su aprendizaje,  y aunque su carácter era rudo también era efectivo en sus enseñanzas.

         —Último día, muchachos, y también habéis llegado tarde esta vez—les saludó serio desde la altura de su puesto a la llegada de los tres jóvenes. El Capataz tenía larga barba gris que dejaba entrever los años de duro trabajo que había ya recorrido. Sin embargo mostraba el mismo porte, sereno y recio, de un joven y aguerrido enano.

         —Lo sentimos, Maese Laferon—respondió Annia agachando la cabeza.

         —Fue mi culpa, Maestro —añadió Krunn avergonzado.

         —Tranquilos, no estropeemos vuestra última instrucción—respondió Laferon sugiriendo una sonrisa más amable de lo normal. Su cara mostraba la satisfacción del trabajo bien hecho, y ahora había llegado el momento de ver los resultados—. Hoy no tendréis que trabajar en la mina como otros días. Hoy tan sólo tendréis que buscar una muestra de cada uno de los cinco materiales que es posible encontrar en este lugar.

         —¿Cinco, Maestro? —preguntó Nethan.

         —Sí, cinco —respondió Laferon sin variar la expresión de su rostro.

         —Pero si sólo hemos extraído tres materiales distintos de esta mina… ¿dónde encontraremos los otros dos? —preguntó Annia.

         —Eso es lo que debéis averiguar. Pero os daré una pista… el cuarto se encuentra en el conducto en el que suelen trabajar los mineros Maron y Bolter —dijo señalando un túnel en la pared norte de la mina—. Y el quinto… mejor pensadlo con detenimiento. Buscadlos y traédmelos antes de la hora de marchar al pueblo —finalizó Laferon haciéndoles señas para que se comenzaran ya.

         Los tres jóvenes enanos fueron a recoger las herramientas de trabajo y se prepararon para la tarea.

         —Busquemos los cuatro primeros ahora. No nos llevará mucho tiempo, y después iremos en busca del quinto  —comentó Nethan decidido y los demás asintieron.

         Rápidamente comenzaron la búsqueda de los materiales y en poco más de media hora ya tenían tres de ellos. El cuarto se les resistió algo más, y tuvieron que cavar largo rato hasta que dieron con lo que buscaban. Entonces se les planteó la última cuestión, la búsqueda del quinto material que aún no habían averiguado cual era. Pensaron y miraron en cada rincón de la mina, intentando descubrir qué era lo que faltaba por encontrar, pero no dieron con la solución. El tiempo pasó, y por mucho que lo intentaron no consiguieron averiguar que les faltaba, hasta que finalmente Laferon los mandó llamar.

         —Bien, muchachos, se acabó el tiempo. Mostradme lo que habéis encontrado.

         —Hemos encontrado carbón, cobre, hierro y plomo. Pero nos falta el último… no hemos conseguido averiguar cuál es el que nos falta —dijo Annia visiblemente decepcionada.

         —Muy bien, habéis encontrado lo que se presumía que debíais encontrar. Mas el quinto material está en un lugar que no se os ha ocurrido inspeccionar. A veces las cosas no son lo que parecen y ocultan otras que no creemos que puedan estar ahí —explicó Laferon con una sonrisa divertida. Él ya sabía que era muy probable que no encontraran ese último material y se había divertido viendo a sus jóvenes aprendices buscar de un lado a otro de la mina.

         —¿Quieres decir que no hemos buscado dónde debíamos buscar? —preguntó Krunn.

         —Así es. A ninguno se os ha ocurrido buscar en el túnel más viejo de la mina. Habéis pensado que por ser el más antiguo y estar ya olvidado y abandonado no se podía encontrar nada allí —explicó Laferon—. Sin embargo allí estaba el más valioso de los materiales que debíais encontrar. Seguidme —Y se encaminó hacia el viejo túnel con los tres aprendices detrás—. En este antiguo agujero, antaño se podían extraer grandes cantidades de oro. Ahora apenas se pueden encontrar algunas pepitas pequeñas en toneladas de tierra y roca, y por eso fue abandonado porque ya no merecía la pena seguir con su búsqueda.

         Laferon se internó en el túnel hasta el final, y al llegar les mostró una losa de piedra en el suelo. La levantó y debajo vieron un montón de tierra y piedras revueltas. El Capataz buscó con sus manos entre las piedras concienzudamente, pues sabía que hallaría una pepita de oro allí mismo, ya que había sido el propio Laferon el que la había ocultado allí por la mañana, antes que los tres jóvenes llegaran a la mina. Cuando la halló se la enseñó a sus jóvenes aprendices.

         —Aquí está, oro —dijo mostrando la piedra dorada—. No parecía que pudiera haber nada bueno en el interior de este polvoriento y derruido túnel, ¿verdad? Y sin embargo contenía la muestra más bella.

         Después regresaron los cuatro al exterior y Laferon les dirigió unas últimas palabras antes de despedirlos.

         —Recordad todo lo que habéis aprendido. Sed cautos, aunque también curiosos. Y aunque las cosas no siempre son lo que parecen, no perdáis detalle de todo cuanto os rodea. Suerte en la Prueba, muchachos —dijo el Capataz, entregándoles la piedra de oro que les serviría como muestra de que su aprendizaje había finalizado. Los tres jóvenes se despidieron de su Maestro y comenzaron el camino de vuelta al pueblo.

         Laferon llevaba ya muchos años adiestrando a los jóvenes de la Villa Enana en el ancestral arte de la minería. En sus comienzos los grupos eran más numerosos y solía atender incluso a una veintena en un mismo año. Pero con el paso del tiempo y la reducida población que iba quedando, los grupos habían llegado a tener apenas tres o cuatro aprendices en un mismo año, como mucho, y eso en el caso de que los hubiera. Pero los jóvenes enanos no sólo eran instruidos en minería. También se les enseñaba a modelar los materiales en la herrería, donde Bronk era el Herrero jefe, y a cazar y luchar, tareas que realizaba Croto, un hábil y experto Guerrero orco que se había asentado en la Villa Enana y cuya historia conoceremos en otro momento. Y en cuanto a la fe y el saber, el encargado de enseñar todos los rituales y tradiciones era Zimenf, Clérigo del culto a la Tierra. Así pues, los tres jóvenes compañeros habían acabado con el periodo de aprendizaje de las distintas disciplinas, y estaban ya listos para enfrentarse a la Prueba, lo que significaba que su mayoría de edad había llegado y serían libres para decidir su futuro.

         Caía ya la tarde cuando regresaron al pueblo. Unas pocas luces se habían encendido en la calle principal de la villa, y las chimeneas expulsaban humo constantemente mientras calentaban los hogares de piedra. Los tres compañeros se despidieron y cada uno marchó a su casa para prepararse para el día siguiente. Entonces tendría lugar una importante reunión con los enanos más ancianos y sabios del poblado. Estos presentarían la Prueba Sagrada a los jóvenes y les encargarían una misión que sólo ellos podrían cumplir, y nadie más podría ayudarles, pues iba contra las normas prestar ayuda a los jóvenes aprendices durante dicho proceso.

         Al día siguiente todo estaba ya preparado desde bien temprano para la Ceremonia Sagrada. Toda la villa había asistido al evento y se encontraban reunidos en el Salón de Actos. Gerald, el alto Clérigo de la Tierra, la oficiaría, y se encontraba ya ubicado en su sillón presidencial. Los jóvenes se engalanaron con sus mejores ropajes, armas y armaduras, y se presentaron frente al consejo de sabios; tanto Bronk como Croto les habían ayudado a hacerlas, como parte de su aprendizaje. Entonces Gerald se puso en pie y esperó a que el silencio se hiciera en la Gran Sala mientras se mesaba su blanca barba. Después comenzó a hablar a los asistentes con voz alta y profunda.

         —Sed todos bienvenidos a la Reunión Anual del Consejo Sagrado, en la que se presenta la Prueba a nuestros jóvenes aprendices. Este año llegan a la mayoría de edad Krunn, hijo de Garita y Mion, Annia, hija de Reep y Shai, y Nethan, hijo de Reed y Airy —Gerald hizo una cordial reverencia en honor a los alumnos y después continuó dirigiéndose hacia sus maestros—. Están hoy aquí porque así lo han decidido el grupo de instructores asignados: Laferon el Capataz, Bronk el Herrero, Zimenf el Clérigo y Croto el Guerrero —y volvió a repetir el saludo respetuoso hacia los mentores. Después sacó la piedra de oro a la vista y la mostró a los asistentes. Esperó unos momentos para que todo el mundo la viera y después añadió—. Esta es la muestra de que nuestros tres jóvenes aquí presentes están preparados para enfrentarse a la Prueba. Escuchemos pues lo que tiene que decir el Consejo de Sabios —y el Alto Clérigo dio paso a un anciano que se encontraba junto a él, tomando asiento posteriormente.

         —El Consejo de Sabios se ha reunido como cada año y ha deliberado sobre las posibilidades de la Prueba para nuestros queridos aprendices —hablaba Lockirin, el más anciano de los enanos de la Villa Enana, sin levantarse siquiera de su asiento—. Esta vez se desarrollará en la conocida Mina de Carbón Abandonada, que se encuentra al este de nuestra villa —en ese instante se oyeron expresiones de sorpresa entre los asistentes al oír el nombre del lugar. Los tres compañeros se miraron entre sí con cierto desconcierto, pero se serenaron pronto y continuaron escuchando las palabras del anciano—. Allí deben buscar y encontrar tres diferentes objetos; uno común y normal de la vieja mina, otro que sea raro pero también perteneciente a la misma, y un tercero que sea fuera de lo común en el lugar, ya sea por su naturaleza o por su procedencia. La prueba no estará del todo concluida hasta que se encuentren los tres objetos referidos y se regrese nuevamente a la villa.

         Todos se miraron entre sí con cierto estupor en sus rostros. Pocas veces se realizaba la Prueba en el interior de aquellas minas, puesto que se habían convertido en un lugar siniestro y peligroso. El murmullo fue aumentando poco a poco entre el gentío, pero antes que el alboroto fuera a más volvió a hablar Gerald.

         —El Consejo de Sabios ha hablado, y si ellos han decidido que esa sea la Prueba, así debe cumplirse —los asistentes parecieron mostrar silencio nuevamente ante las palabras del Alto Clérigo—. Debido a la particular misión que se les ha encomendado, hemos creído necesario que nuestros tres jóvenes aprendices sean escoltados al menos hasta la entrada de la Vieja Mina. Por lo tanto los acompañarán los guardias Paion y Runant hasta dicho lugar. Una vez allí aguardarán en la entrada hasta el regreso de los jóvenes Krunn, Annia y Nethan de la misión que se les ha encomendado —esto pareció tranquilizar en cierta manera a los oyentes, aunque no todos estaban satisfechos con lo que estaba ocurriendo—. Y si en algún momento se creyera que la integridad de nuestros jóvenes se encuentra en peligro, están autorizados tanto los guardias a intervenir como los jóvenes a abandonar la Prueba, si fuera necesario. Esta es la resolución del Consejo.

         Gerald se puso en pie y se aproximó a los tres aprendices, dirigiéndoles unas últimas palabras.

         —Suerte, muchachos, y que el Poder de la Piedra y la Tierra os acompañe en vuestro cometido —y les puso, uno a uno, la mano en el hombro en señal de su bendición.

         Entonces aparecieron los guardias Paion y Runant, que ya estaban preparados para la marcha, y se colocaron junto a los tres enanos. Gerald se retrasó unos pasos y les hizo la señal de que podían partir ya mismo. Los dos guardias se pusieron en cabeza y comenzaron la marcha del grupo, con los tres jóvenes detrás. Todo el pueblo abandonó el salón con rapidez y se dirigió a la salida este de la villa para despedirlos. Les dieron ánimos y les desearon suerte en su misión, otorgándoles una cálida despedida. Aquello reconfortó a los jóvenes enanos, aunque no dejaron de estar preocupados por tener que ir al lugar que iban. Y así comenzó la Prueba para los tres aprendices de la Villa Enana.♣

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3 reacciones a Crónicas de Elmore – capítulo I (relato)

  1. Drizza dice:

    ¿Son imaginaciones mías o has usado los nombres originales de los NPC de la villa enana? Qué chulo! Jejejejeje. Qué tiempos! Voy a rebuscar en el pc la historia sobre mi pj que escribí jijiji

  2. Uruk dice:

    Exacto! Muchos nombres, la mayoría, serán los nombres del juego. Ya que está ambientado en el mundo del Lineage, pues que menos que usar los nombres que todos los que hemos jugado a este juego conocemos.

  3. Pingback:Crónicas de Elmore – capítulo II (relato)

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